Teófilo Benítez Granados

Rector del Centro de Estudios Superiores en Ciencias Jurídicas y Criminológicas (CESCIJUC).

La pandemia del Covid-19 marcará una nueva era en la manera en la que gestionaremos las empresas y lo que esperamos de los profesionistas. Es momento de que las universidades creen nuevos modelos que se adapten a entornos altamente complejos e inciertos.

Entre las asignaturas cruciales para enfrentar la nueva era después del Covid-19 aparecen aquellas capaces de incidir en mejores decisiones de negocio y las que promuevan la adaptación e innovación continua. Así, estas son las materias que deberán vincularse ya a los planes de estudios:

  1. Aprendizaje validado sobre opiniones y convenciones.
  2. Colaboración centrada en el cliente.
  3. Campañas adaptables e interactivas.
  4. Proceso de descubrimiento sobre predicción estática.

En un mundo altamente distópico como el que iniciamos con la pandemia del Covid-19, se evidenció el poder de las creencias sobre hechos científicos. Así, hubo quien pese a cifras altísimas de contagios y lamentables decesos aseguraban que “no creían” en el Covid, como si se tratara de un acto de fe.

Sin embargo, este es un importante precedente para que la escucha social no se limite a lo que es o debería ser, sino lo que subyace en cada grupo, en su historia, remembranzas, ideologías, mitos y sueños. En su esencia. Y a partir de ahí construir narrativas apegadas a su realidad.

El aprendizaje debe ser parte de la idiosincrasia del alumnado y arraigarse profundamente en sus convicciones. Sólo así será una herramienta de mejora y cambio. De lo contrario, el conocimiento sólo aparecerá en las teorías pero no en la vida.

Otra enseñanza para el futuro, aprendida en épocas de incertidumbre y alejamiento social, en un tiempo en el que muchas empresas se declararon en quiebre y las sobrevivientes tuvieron que lanzarse sin miramientos a diversas formas de digitalización, es la importancia del cliente.

Es momento de crear una asignatura que permita romper con silos y jerarquías en pos de cumplir una misión en la que, de una u otra manera, está arraigado el cumplimiento de una necesidad o expectativa del cliente.

Y no. El cliente nunca tendrá la razón. Es momento de cambiar esa perspectiva porque los profesionistas deben ser expertos en decir “no”, pero a la par satisfacer objetivos concretos. El cómo lo logren estará afincado en sus conocimientos y experiencia. Esto, por supuesto, involucra a diversos departamentos y expertos de la empresa. Satisfacer a un cliente requiere involucrar a todos para generar resultados.

La flexibilidad, por otra parte, es otra asignatura urgente en nuestra era. Debemos enseñar a cómo adaptar campañas a diversos públicos. La personalización en productos y servicios llegó para quedarse y esto no se restringe a clientes internos, sino a consumidores, accionistas, proveedores y otros. Sin embargo, no basta personalizar las campañas sino generar mecanismos efectivos de interactividad y retroalimentación. Establecer una verdadera comunicación.

La cuarta asignatura que deberá generarse ya es la predicción de futuro. El descubrir a través de datos aparentemente inamovibles, inferir tendencias y narrativas válidas a través de la información que poseemos.

Ahora que todos nos sumamos a la tecnificación y abrazamos al azar e indiscriminadamente la tecnología, develamos que la información del Big Data no sirve si no somos capaces de interpretarla y mejorar nuestros procesos a partir de ella.

Si durante mucho tiempo nos rehusamos a que los intangibles dominaran nuestro mundo, el conocimiento del consumidor, por ejemplo, nos impone la abstracción matemática como un espejo del futuro.

Es momento de reinventarnos. Y crear hoy planes de estudio para el futuro.

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