Bernardo López 

A pesar que en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, Jair Bolsonaro quedó en segundo lugar, a cinco puntos del vencedor, logró una victoria táctica, pues pudo colocar más legisladores afines a su proyecto, en la Cámara de Diputados y la de Senadores. 

El Partido Liberal (PL), al que pertenece Bolsonaro, y sus aliados en el Congreso: Movimiento Democrático Brasileño (MDB), Progresistas (PP), Unión Brasil (UNIAO), Partido Laborista Brasileño (PTB), Partido Social Cristiano (PSC) y Republicanos (REP) ganaron la mayoría. 

Antes de las elecciones de octubre de 2022, el presidente de Brasil contaba en la Cámara de Diputados con 341 legisladores aliados; ahora son 355, es decir, más de dos tercios. La izquierda se quedó con 131; el “Centrao” con 27. Mientras que en la Cámara de Senadores logró la mayoría, con 47 aliados; en tanto que la izquierda se queda con 14, y el “Centrao” con 20.  

¿Cuál es el significado de estos resultados?, que si el candidato de izquierda gana, no podría llevar a cabo reformas y tendría que negociar cada paso que dé su administración con los miembros del Congreso; se vería impedido en avanzar en la agenda “progre”, pues la mayoría de legisladores son de perfil conservador.  

Estamos ante otro país que rechaza las ideas que intentan distorsionar a la sociedad con la ideología de género -aunque los peligros persisten en las redes sociales, donde los niños y jóvenes absorben la mayor cantidad de información y quedan a merced de esos contenidos. 

En México también quieren imponer un proyecto similar, con la llegada de un presidente con ese perfil de izquierda tóxica; aunque en los hechos la agenda “progre” ya se está implementando en varias áreas, desde la educación pública hasta la reforma de leyes. 

En el informe de Gobierno que se dio en la Ciudad de México, los legisladores llenaron de elogios a la jefa de Gobierno y hasta la destaparon como presidente, sin embargo, bien dicen que nadie aguanta una sobada al ego, el problema es que te ciega. 

No se ha entendido que promocionarse a la presidencia con grandes campañas de difusión de imagen no son suficientes para que las personas sientan empatía y si la persona no cuenta con carisma y lo único que la sostiene es el respaldo del pejelagarto, resulta poco probable alcanzar la Presidencia de México.  

Y podemos ver la diferencia, con lo que sucede en Brasil, donde se puede apreciar cómo el presidente Bolsonaro arrastra masas en sus mítines; mientras que, en el evento del viernes pasado, en el Congreso de la Ciudad de México, tuvieron que llevar acarreados y no juntaron a más de cinco mil. ¿Se repetirá el fenómeno Hillary Clinton, en México? 

Como ya lo hemos comentado, todavía es muy temprano para pensar que ya existe un elegido que se sentará en la silla presidencial, pues aún falta ver quién va a ser el candidato, o candidatos, de oposición.