Luis Mena Pantoja
Cuando México todavía no existía como nación, ya existía una universidad. El 21 de septiembre de 1551 se expidió la cédula de creación de la Real y Pontificia Universidad de México, institución que constituye la raíz histórica de la actual Universidad Nacional Autónoma de México. Cuatrocientos setenta y cinco años después, la UNAM conmemora ese acontecimiento con una mirada que une memoria, conocimiento y futuro.
Esta efeméride no se refiere a la UNAM en su forma contemporánea, sino a una tradición universitaria que atravesó distintos periodos de la historia mexicana. La Universidad de México fue transformándose con el país: dejó atrás su carácter colonial, vivió cierres y reaperturas durante el siglo XIX y, en 1910, Justo Sierra impulsó la creación de la Universidad Nacional de México, considerada la refundación moderna de aquella tradición. En 1929, la institución conquistó su autonomía.
La historia universitaria comenzó a escribirse en un México que todavía formaba parte de la Nueva España. La cédula real fue expedida en 1551, mientras que las primeras cátedras comenzaron a impartirse en 1553. De acuerdo con investigaciones históricas de la propia UNAM, los primeros cursos se inauguraron el 5 de junio de ese año, después de que las cédulas de fundación llegaran a la capital novohispana.
Desde entonces, la institución ha acompañado transformaciones profundas: la Independencia, la Reforma, el nacimiento del México moderno, la Revolución y la consolidación del sistema educativo y científico nacional. Su historia también está vinculada con la formación de científicos, humanistas, artistas, médicos, ingenieros, escritores y profesionales que han participado en distintos momentos de la vida pública del país.
En 1910, Justo Sierra encabezó la transformación que dio origen a la Universidad Nacional de México. En el discurso inaugural de aquella nueva institución sostuvo la necesidad de mantener a la Universidad en contacto con el movimiento general de la cultura y con la investigación científica. La conmemoración actual recupera precisamente esa relación entre conocimiento, sociedad y futuro.
La autonomía universitaria, obtenida en 1929, representó otro momento decisivo. No se trató de una característica de la institución original de 1551, sino del resultado de un proceso político y académico ocurrido ya en el siglo XX. La autonomía otorgó a la Universidad la capacidad de gobernarse y fortaleció las condiciones para desarrollar sus funciones de docencia, investigación y difusión de la cultura con libertad académica.
Con el lema “Nuestra historia es futuro”, la UNAM desarrolla durante 2026 un amplio programa conmemorativo. Cerca de 400 actividades académicas, culturales, científicas, artísticas, deportivas y de divulgación se realizan en sus sedes de México y del extranjero. La intención, ha señalado la institución, es recuperar el legado de casi cinco siglos, pero también reflexionar sobre los retos que vienen.
Entre las actividades destaca la exposición “UNAM 475+ Años de concebir futuros”, que se presenta en el Colegio de San Ildefonso. La muestra reúne distintos momentos de la historia universitaria mediante manuscritos, piezas artísticas, fósiles e instrumentos científicos, además de recursos tecnológicos que permiten acercarse a la evolución de la generación y transmisión del conocimiento.
La conmemoración tendrá además uno de sus momentos centrales este 21 de septiembre, cuando el Consejo Universitario celebrará una sesión extraordinaria en el Palacio de la Antigua Escuela de Medicina. El acto buscará recuperar la memoria de aquella cédula expedida en 1551 y reflexionar sobre el papel que la Universidad ha desempeñado a lo largo de casi cinco siglos.
La celebración también ha trascendido los espacios universitarios. El pasado 14 de septiembre, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad inscribir con letras de oro en su recinto la leyenda “475 años de la Universidad de México 1551-2026”. La medida busca reconocer la tradición universitaria y sus aportaciones a la educación, la ciencia, las humanidades, las artes y la cultura del país.
A lo largo de 475 años han cambiado los nombres, los edificios, los métodos de enseñanza y las formas de entender el conocimiento. También cambió el país que la Universidad ha acompañado. Lo que permanece es la tradición de formar generaciones y producir conocimiento desde una institución que ha tenido que transformarse junto con la sociedad.
La historia de la Universidad de México comenzó mucho antes de que existiera la nación mexicana y continúa en una institución que hoy mira hacia los próximos siglos. Por eso, los 475 años no son solamente una cifra conmemorativa: son el recorrido de una tradición que ha pasado por distintos momentos de la historia y que, en 2026, vuelve a preguntarse qué futuro puede ayudar a construir.
















