Luis Mena Pantoja
¿Hasta qué punto podemos confiar en nuestros recuerdos?, ¿cuánto de lo que creemos haber vivido se transforma con el paso del tiempo, las lecturas y las historias que nos contamos? Estas preguntas atraviesan En lengua privada, (2026), el nuevo libro del escritor mexicano Emiliano Monge, quien explora la relación entre memoria, imaginación y lenguaje.
Publicado por Literatura Random House, este texto presenta relatos que integran elementos del ensayo, la crónica y el diario de lecturas. Más que ajustarse a un solo género, el autor construye un espacio de escritura en el que los recuerdos propios se mezclan con las voces de otros escritores y con las preguntas que acompañan el oficio de escribir.
Al respecto, el autor explicó que buscaba una forma que mantuviera en tensión distintos géneros. “Quería que hubiera como una disputa, ya fuera entre la crónica y el cuento o entre el relato y el ensayo”, señaló.
Esa búsqueda formal no es un simple experimento, le permite explorar qué ocurre cuando la experiencia vivida deja de ser un recuerdo aparentemente estable y se convierte en materia literaria.
El punto de partida de algunos textos son episodios personales que Monge vuelve a examinar desde la distancia. Al hacerlo, descubre que la memoria no conserva intactos los acontecimientos: los modifica, los reorganiza, y en ocasiones, termina sustituyendo lo ocurrido por una versión que parece verdadera para quien la recuerda.
El autor considera que en esa frontera entre memoria y ficción a partir de experiencias familiares, la escritura le permitió reconocer que algunos recuerdos habían cambiado antes incluso de convertirse en literatura.
La honestidad narrativa, desde esa perspectiva, no consiste necesariamente en reproducir el pasado como si fuera un registro inalterable, sino en reconocer las transformaciones que intervienen cuando intentamos reconstruirlo.
Monge define la escritura como una confrontación permanente con las palabras, una búsqueda que obliga al autor a modificar su relación con aquello que cuenta. “Para mí, escribir es un combate con el lenguaje”, afirmó.
Esta frase resume una concepción de la literatura en la que escribir no significa solamente encontrar una historia, sino descubrir cómo contarla de una manera que transforme la experiencia.
El libro también funciona como un diario de lecturas. Entre sus referencias aparecen escritores como J. M. Coetzee, Mario Montalbetti, Raúl Zurita, Ágota Kristóf y Antonio Di Benedetto. Sus obras no figuran únicamente como influencias o citas, forman parte del diálogo interior mediante el cual Monge revisa su propia escritura y reconoce las voces que han contribuido a construir su mirada.
El autor afirma que esté libro es un espacio de reposo y un diario íntimo de escritura y lectura, que desarrolló entre otros proyectos narrativos más extensos, cuando necesitaba encontrar otra relación con la literatura y explorar asuntos que no necesariamente tendrían cabida en sus novelas, entre los que están la enfermedad, las relaciones familiares, la memoria y las distintas maneras de enfrentar la fragilidad humana.
Eplicó que normalmente construye narradores distintos de sí mismo, pero en “En lengua privada” recupera las voces que tuvo en diferentes momentos de su vida. El resultado no es una autobiografía convencional, sino una exploración de cómo cambia nuestra forma de mirar el pasado y de nombrar aquello que nos sucede.
Emiliano Monge nació en la Ciudad de México en 1978. Es politólogo y escritor. Entre sus libros figuran los volúmenes de cuentos “Arrastrar esa sombra” y “La superficie más honda”, así como las novelas “Morirse de memoria”, “El cielo árido” y “Las tierras arrasadas”. Esta última obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska y el English PEN Award. También publicó “No contar todo”, “Tejer la oscuridad” y “Justo antes del final”.
Ahora, a través de “En lengua privada” propone una lectura que va más allá de la reconstrucción de una vida. Su interés está en mostrar que recordar también es interpretar y que, entre lo vivido y lo narrado, existe una distancia que la literatura no siempre elimina: a veces la vuelve visible.
















