• Con la 4T surgieron los Juniors del bienestar sin oficio, pero millonarios

Miguel A. Rocha Valencia

Pareciera que en el escándalo de la expresidenta del INE, Guadalupe Taddei Zavala el último clavo en su ataúd lo puso el video donde su hijo Jorge Francisco Piñeda Taddei brinda con el empresario José Alfredo Hernández Casillas en lujosa habitación de exclusivo hotel en Paris.

El video ya no sorprende o indigna pues tratándose de la 4T se vuelve una escena cotidiana de lo que es el actual régimen donde al abrigo del oficialismo, como pasa en todos los regímenes autoritarios, surge una casta de parásitos que viven al amparo del poder, del presupuesto y la protección del gobierno que los justifica y les otorga impunidad.

Esa casta parasitaria de la que la versión más acabada y ejemplar son los hijos del caudillo de Tepetitán, es conocida por vivir de los privilegios del poder, donde se incluye a parientes, amigos, compadres, amantes y todos aquellos bendecidos por la “transformación” que prometió no robar, terminar con la corrupción, el crimen y no endeudar al país.

Demagogia vil que se cristaliza en todo lo contrario y que en algún momento pensamos se trocaría por justicia con el cambio en la silla presidencial, pero nos equivocamos; quien llegó no quiere o no puede simplemente porque por incapacidad cualquiera que sea o simplemente por abrevar en el mismo caldo doctrinario dirían algunos, otros lo calificarían de conveniencia y complicidad.

En esa casta de parásitos sobresalen aquellos que, pertenecientes a la casa presidencial hicieron del poder la forma más rápida para enriquecerse empezando por el mayor de los vástagos llamado igual que el padre, Andrés Manuel, seguido por los demás hasta llegar al menor de madre diferente, y que al parecer, salió bueno para la fiesta, pero no la de barrio o la del pueblo, sino las de lujo donde el dinero se gasta como si los 200 pesos que carga el papá en su cartera se reprodujeran al infinito.

Como parásitos se pegaron a la ubre presupuestal para exprimirla con negocios turbios, expedición de contratos a los cuates, fraudes, robos descarados y alianzas delincuenciales protegidos como dicen en la 4T por la supremacía moral de quien convirtió la ética en estiércol y el quehacer público en negocio familiar donde están metidos los hermanos, cuñadas y demás parentela con la única consigna de enriquecerse lo más pronto posible, con cinismo y sin medida.

Practican la corrupción abiertamente, nada les preocupa y si, como ordenaba el profeta “si les caen”, niéguenlo siempre y si aún los siguen acusando, culpen a otros. La instrucción del mandato mesiánico es no aceptar culpas de ningún pecado.

En todo caso de corrupción en que se envuelven los parásitos de la 4T que sin cargo se enriquecen como los Barttlet, los Durazo, los cuatro López y ahora los Taddei y muchos más donde incluso podríamos apuntar a los chaqueteros Yunes, Murat, Villafrreal y muchos más, no hay culpables porque simplemente para el oficialismo no se configuran delitos.

Se exigen pruebas y más pruebas de los ilícitos aunque haya grabaciones, videos, documentos y denuncias, pero no pasa de ahí como sucederá sin duda con la mamá de los Piñeda Taddei y como ocurre con los vástagos del ganso tabasqueño recientemente resucitado con aquello del me canso ganso.

Se trata de los nuevos Juniors de la actual mafia en el poder, de esos que no fueron a estudiar a Harvard para aprender a robar como afirmaba el profeta cuatrotero, porque simplemente se les incorporó a las filas del poder donde lo que mejor aprendieron fue a robar y a disfrutar las mieles de un odiado capitalismo del que abusan con el dinero del pueblo, dándose viajes y estancias que obvio no están en la canasta básica de 950 pesos al mes que pregona la propia 4T.

Algunos al menos se defienden con alguna ocupación  como la familia de la ex presidenta, incrustados en cargos públicos sin llenar los perfiles, contar con la capacidad intelectual o académica, pero que salieron buenos para cobrar salarios que en menos que tecleo este comentario, los hace nuevos ricos como León Fernando y Luis Rogelio Piñeda Taddei o el resto de su familia. Algunos les dicen aviadores, otros zánganos y unos más, parásitos. Cualquiera que se la acepción, salieron buenos para robar, eso sí, con toda impunidad.