Enrique Escobedo 

José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827) fue un escritor mexicano, quien en 1816 escribió acerca de las triquiñuelas de Pedro Sarmiento, conocido como el Periquillo Sarniento. Léase, es la historia de un pícaro que recurre a la malicia y a los timos a fin de sobrevivir ante los retos que se le presentan en la vida. Es una obra satírica que retrata a un individuo que se gana a pulso su apodo pues no sabe callar debido a su debilidad por la verborrea. Además, una vez tuvo sarna y de ahí el juego de palabras de su apellido y su sobrenombre.  

Representa a las personas mañosas, tracaleras, un poco gandallas y otro poco embaucadoras que aún sobreviven en nuestra sociedad. Las encontramos desde la infancia, todos tenemos experiencias de ese pícaro, granuja y desvergonzado que siempre nos albureaba, pedía prestado sin jamás pagarnos esos 20 centavos, pero que ya eran muchos pesos. Con los años me he topado directa e indirectamente con ellos en muchos ámbitos. Por ejemplo, en lo deportivo hubo un entrenador de fútbol que dejaba crecer el pasto de su estadio unos milímetros de más, regaba el césped poco antes del partido y su equipo jugaba a medio día en un clima tropical; con lo cual desgastaba a sus contrarios. Por si fuera poco, les decía a los niños que devolvían el balón a la cancha que se tardaran o apresuraran según el marcador de su equipo. Tristemente muchos festejan y se identifican con esas marrullerías y me dirán que eso no es ilegal. Es cierto no lo es, pero no corresponde al espíritu deportivo. Lo peor es que muchos compatriotas alaban esas conductas y las llevan a todos los terrenos. 

Lo anterior también lo veo en la política. Gobernantes que, con fingimientos se dicen comprometidos con el pueblo, pero en la realidad tuercen con actitudes leguleyas y procesos burocráticos sus decisiones a fin de favorecer a su partido político y despliegan “trampitas” mediante el zancadilleo a los representantes populares de otros partidos políticos. Tristemente esos granujas están en todos los partidos políticos. De ninguna manera son personajes como el “peladito” personificado por Cantinflas, ni Pito Pérez de la novela de José Rubén Romero, quien es el truhan, amoral y oportunista para gorrear algunos alcoholes y comida.   

Los actuales Periquillos Sarnientos, en este caso son observables en la figura de Claudia Sheinbaum, se avocan a entorpecer con artimañas a los alcaldes ganadores de los partidos políticos ajenos al suyo. Su intención, desde ahora, es faltar a su palabra, no respetar los tiempos de entrega-recepción y darles un trato profesional. Así lo hizo saber en la edición 616 de la Gaceta Oficial en la cual publicó los lineamientos para la integración de las comisiones de transición en las alcaldías.   Además, solapa a la exdirectora del Sistema de Transporte Colectivo “Metro”, Florencia Serranía, quien nunca ha dado explicaciones acerca del incendio, ni del accidente de la llamada Línea Dorada. Aún más, sostuvo que se trató de un incidente. Clasificó de confidenciales, sin argumentos relevantes, el costo de los segundos pisos del periférico, cuando era la secretaría de Ecología en el sexenio de 2000-2006 de la gestión capitalina del hoy presidente de la República. El pasado viernes 16 de julio realizó una visita discreta a Tláhuac, en donde ocurrió la muerte de 26 mexicanos y no hubo gritos de “presidenta”. 

Ella aspira legítimamente a ser la titular del Poder Ejecutivo Federal el próximo sexenio. De ahí que seguramente piensa que el fin justifica los medios y está dispuesta a recurrir a cuentas triquiñuelas pueda, como el Periquillo Sarniento, con el propósito de lograr su objetivo. Pero el personaje de la novela hacía daños menores. En cambio, lo que está en juego con ella es la calidad de vida de los capitalinos que viven en la zona poniente.  

Ella es nuestra jefa de gobierno y tiene responsabilidades con todos los habitantes de la Ciudad de México, sin distinción de partido político. Sus decisiones en contra de los partidos de oposición, tales como de no facilitar los procesos de transición en las alcaldías, ponen en duda de que ella posea un espíritu democrático, tolerante y plural. Tampoco, por lo visto, es proclive a la transparencia y rendición de cuentas en los asuntos que se refieren a infraestructura.  

Tal vez estoy equivocado, pero sus decisiones me recuerdan la picaresca mañosa de lo superficial, dolosa y de miras cortas como las del Periquillo Sarniento. Este país requiere un perfil de estadista incluyente y con visión de largo alcance. Por lo tanto, si la jefa de gobierno desea ser la candidata de su partido Morena y triunfar en las elecciones, debiera mostrarse como una persona seria y profesional y no homologarse con los pícaros fulleros.