• Maquiavélicas y enfermizas intensiones de López Obrador, ahogado en el espíritu del genocida Adolf Hitler

“No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad,

bebiendo de la copa de la amargura y el odio”:

Martín Luther King

BLAS A. BUENDÍA*

En la víspera, las redes sociales presentaron videos invaluablemente interesantes, referentes a las maquiavélicas y enfermizas intensiones de Andrés Manuel López Obrador quien con espíritu hitleriano, pretende seguir destruyendo las instituciones democráticas y republicanas de México.

Fue hacer el ridículo ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), siendo vapuleado diplomáticamente por los representantes de Rusia y China, mostrando una vez más, el rostro de su ignorancia supina.

López Obrador, el mundano paisanito presunto salvadoreño —fratricida confeso—jamás dejará de ser un potencial peligro, ahora para el mundo.

Con su espíritu revanchista, odiado por su propia vida, lo único que va a provocar es que los países adscritos a la ONU establezcan un bloque comercial y económico en contra de México, hasta en tanto no se restablezca el orden y la paz degenerada por el narcotráfico, así como el Estado de Derecho del cual siempre prevaleció democráticamente ante el concierto de todas las Naciones.

La endeble política internacional del presidente López Obrador —un arrogante ente «irremediablemente fracasado» e impulsor de acciones genocidas—, generará el levantamiento de jóvenes radicales para promover mítines y desórdenes populares anticomunista.

En un afán eclécticamente acomodaticio, el costeñito de Macuspana desde siempre ha buscado desestabilizar la paz interna de México, a través del fuerte conflicto y de desastres humanos, que ha representado el marco epidemiológico del Covid-19.

«¡Pero qué canija vergüenza pasó México en Nueva York!», es la apremiante conjura popular tras la asistencia de López a esa importante reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, donde histriónicamente, trató de inducir ideas socialistas y comunistas en un foro que no le era análogo.

No solo fue Rusia, también China; el primero le dijo que estaba en el foro equivocado, y el segundo, que no invadiera las soberanías de otros países, inculpándose asimismo con el renacimiento del Espíritu de la Doctrina Estrada.

La Doctrina Estrada es un enunciado políticamente internacional vigente, en el que se sostiene que ninguna nación puede intervenir en los asuntos internos de otra. Dicha Doctrina, impulsada por el político mexicano Genaro Estrada, es una declaración oficial que fue publicada en 1930 y que desde entonces, defiende el principio de la NO intervención.

Puntos nodales en que López Obrador muestra su profundo desconocimiento de la política internacionalista acerca del funcionamiento parlamentario de la ONU y sus fines. López Obrador parecía un imberbe jovenzuelo con juguete nuevo, que al presidir dicha reunión, se le observó nervioso y falto de experiencia diplomática.

De tal suerte, el oclócrata mexicano y representante de la Triada del Foro de Sao Paulo, mostró al mundo su interdicción del mercenarismo como un criminal internacional y un político guerrillero, que desde toda su vida, busca atentar contra la paz y seguridad global, la autodeterminación de los pueblos y la integridad territorial e independencia política de los Estados.

Fue un claro intento separatista del Derecho Internacional, que sin empacho alguno, López Obrador —protector del narcotráfico en México—, se presentó como “un soterrado narco presidente que genera tensiones”, intentando marcar una Agenda Internacional con efectos indeseables, en un foro donde solo exhibió su lastimosa y encorvada humanidad, luciendo una cabellera muy representativa a la de un lerdo anciano.

«López Obrador es una desgracia y un desastre de este mundo; una mala imagen mexicana frente a un mundo dominado por la presencia de millones de jóvenes; un hegemónico neo-izquierdista del terror y muerte», alertaron finalmente, políticos y académicos de todos los niveles.

El epígrafe del luchador social Martin Luther King, deja en claro el legado de su mensaje: “No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad, bebiendo de la copa de la amargura y el odio”, misión que para López Obrador se niega a escuchar las aconsejas de estadistas del pasado.

Reportero Free Lance *
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