• López encabeza gobierno sin rumbo ni estrategia con instrucción de mentir

Miguel A. Rocha Valencia

Sin ánimo de ofender, el gobierno actual es un desastre. De poco o nada sirve que López Obrador concentre tanto poder, no sólo en el Ejecutivo sino también con el Legislativo y Judicial. Carece de rumbo, de estrategias de una forma de gobernar, deficiencias que tratan de ocultar con mentiras, inexactitudes y descalificaciones. Todos los días.

Para eso tienen a los de antes, a la cotidianeidad como diría la maestra y exministra Olga Sánchez Cordero, para quien la masacre de Michoacán donde 14 servidores públicos fueron ejecutados es parte del escenario natural de nuestro país, todos los días.

La secretaria de Gobernación no sólo muestra falta de sensibilidad social o política, sino que, además, plantea desde las alturas lo que López Obrador y su equipo ven. Todos los días.

Masacres de policías, militares agredidos, burlados, escupidos y desarmados; una ciudadanía que se levanta pidiéndole a Dios, aunque sean ateos, regresar a casa sana y salva. Todos los días.

Un encargado de la oficina de presidencia, Alfonso Romo que grita que se mienta para cambiar la percepción de lo que está ocurriendo, todos los días.

Ni que decir del señor presidente, que de acuerdo con los analistas lanza un promedio de cinco mentiras, con las cuales descalifica, acusa o enjuicia a inocentes y culpables. Todos los días.

Y si fuera poco, en la pasarela de funcionarios, encontramos al titular de Seguridad Pública que se exhibe como ignorante y afirma que no hay nada por presumir; que tardará años devolver la tranquilidad a este país que se ve agobiado por una delincuencia que la agrede. Todos los días.   

Pero el jefe del Ejecutivo dice que, a la masacre de policías o agresiones a militares y sociedad, hay que responder con fuchis, guácalas o acusaciones con sus mamacitas y abuelos. Continúa echándole la culpa a los que se fueron hace más de un año de todos sus yerros; considera que, a los criminales con armamento para destruir, matar y confrontar a la autoridad para establecer ínsulas de poder, no hay que combatirlo con violencia.

No dice cómo combatirlos, pero asegura que quienes se fueron, estaban equivocados. “No podemos ajusticiar ni masacrar como se hacía antes”; le faltó agregar, “pero ellos sí”. Cubriéndolos con un manto de impunidad.

Al final de cuentas, López ya controla todo el poder; debe agradecérselo a los que se fueron, que con sus excesos obligaron a un gran segmento de la sociedad a poner su esperanza en un caudillo, al que desafortunadamente le falta estatura, capacidad para ejercer el poder omnímodo que lo convierte en tirano, hombre de horca y cuchillo, que encabeza un gobierno sin  rumbo, sin estrategia, el cual propia más corrupción, quebrantamiento de la Legalidad, porque él, es la Ley.

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