Miguel Ángel López Farías

Espero que suene a autocritica, he escuchado a varios colegas de espacios informativos y me he encontrado con niveles de histeria que en nada ayudan a este, de por sí, caótico, clima de incertidumbre, los periodistas no somos todólogos, y si bien nos hemos especializado en una profesión en la cual la investigación y los datos duros deberían arrojar resultado informativo serios, no se ha dado así, cierto, es natural el que los seres humanos reaccionemos  con miedo ante lo desconocido, más si añadimos este tufo de apocalipsis zombi, pero hay niveles y las grietas del desajuste emocional en muchos se nota al aire, a la hora de informar.

Seamos responsables, el coronavirus nos ha puesto de cabeza en todos los sentidos, tal vez con razón, tal vez no, asustados por lo que se nos hace llegar desde otras naciones, nerviosos por las reacciones de los mercados, estresados por que se nos ha llevado a un escenario de pre guerra, como si la bomba atómica fuese programada para borrarnos de la historia.

Será la economía la que nos recuerde quien manda en este planeta, será la recesión la que nos ponga de rodillas y no un virus, el cual trae, debajo de la máscara, las dosis necesarias para sembrar el más rupestre terror entre nosotros. ¿Debemos cuidarnos de esto? Si, y ya sabemos cómo hacerlo, sobre vivimos el H1N1, el cual fue mucho más amargo que el COVID-19.

Las redes sociales son otra cancha, tan ruin y tan amplia que uno termina por enfermarse con tantas vilezas, campo de desinformación, de repetición de datos que ningún tipo de sustento acarrean, y lo peor, replicados por muchos que se precian de grandes títulos académicos pero que se trepan a la desquiciante cresta de los rumores.

No soy defensor de AMLO, pero doy razón a lo que el refleja, tranquilidad, control, para muchos esto significa ser irresponsable, no creo que lo esté haciendo, creo y confió en que es uno de los hombres en este momento mejor informados de todo el país, rodeado de especialistas sanitarios que poseen la ventaja de los datos precisos.

Si el presidente juega con la situación no tendría que ser la piedra angular de toda la discusión, esta sociedad y sus conductos de información deberían haber madurado ya y hacerse cargo de lo que nos toca, ser cuidadosos, responsables y tomar decisiones tal y como ha venido ocurriendo en distintos sectores de la iniciativa privada ay algunos órganos públicos.

Las voces de los que saben sobre estos asuntos son las que deberíamos estar escuchando, existen grandes investigadores, doctoras, epidemiólogas, especialistas que cada 20 minutos nos están mostrando el mapa real del COVID-19 y como atajarlo, y, aun así, muchos personajes insisten en encontrar al diablo en la letra chiquita de sus traumas. ¿Alguien puede explicar el por qué se agotó el papel de baño en los centros comerciales?

Aquí, el ridículo social de muchos que escucharon a esas voces que queriendo informar terminaron, distorsionando una supuesta acción preventiva, he escuchado al vocero del gobierno federal, el doctor López-Gatell, uno de los hombres más capacitados en temas epidemiológicos en México, médico y doctor, de doctorado, lo hemos visto, explicar una y otra vez la ruta de dicho virus, sus repercusiones, los cuidados, su impacto, todo en uno de los tonos más serios, como debe ser.

A ellos son los que hay que poner atención y no comportarnos como si de habitantes del planeta de los simios se tratara, lo dicho, la ignorancia crea fanatismos y estos empujan a una de las mayores psicosis de que se tenga memoria.

Habremos de salir de esta noche cargada de coronavirus y sus falsos dientes, pero después de ello seguiremos habitando este país que se desborda en feminicidios, que rompe records en ejecuciones, que pinta el ridículo de funcionarias como la del Metro y sus accidentes, un país que desborda en injusticias y ese crujir de una economía que promete hacernos más pobres, pobre México, tan fanático y tan sobre comunicado en mentiras y cuentos.