Jesús Corona Osornio 

Tres funcionarios del partido Morena se han dado a la tarea de empezar una precampaña para obtener la candidatura para el 2024 y convertirse en el o la sucesora del señor López. 

Fue el propio presidente mexicano quien abrió el juego sin importarle que los tiempos electorales, están reglamentados y es el Instituto Nacional Electoral -INE- quien da la declaratoria, y para el 24 aún falta mucho camino por recorrer. Primero se debe librar el 23 con el Estado de México y Coahuila. 

El ciudadano López no se ha destacado por respetar las Leyes, no tiene cuidado en que se note su autoridad e influencia en otros poderes, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, -SCJN- es un claro ejemplo de cómo se sobrepasa, él lo niega, pero en cada mañana grita su ira y marca lo que deben hacer los diputados y senadores de su partido, quienes sin importar para que fueran elegidos, agachan la cabeza y mansamente obedecen los designios de quien actúa como patrón y no como presidente. 

De los tres, solo la señora Sheinbaum, ostenta un cargo de elección popular, fue elegida para gobernar la CDMX, pero solo hace lo que desde Palacio se le indica, obediente hasta la abyección. Repite de muy mala manera los viejos chistes de AMLO o las frases con las que su patrón tiene perfectamente calculadas y le funcionan, a ella no. 

Doña Claudia no goza de las simpatías que su jefe tiene entre muchos habitantes de la gran ciudad. 

Su bagaje se reduce a su obediencia ciega, y en ser una mala copia de aquel que ella dice admirar. 

Marcelo Ebrard Casaubon, secretario de Relaciones Exteriores desde el inicio de este “gobierno”. Eficaz en la obediencia, que no lealtad, Don Marcelo se ha presentado en diversos organismos internacionales y foros en representación de México y del ciudadano López. Con cierto pero mediano éxito ha hecho de su figura, una voz con la que se pueden tratar asuntos de manera limitada. Ebrard sabe que hacer cosas por su cuenta sería su suicidio político, tan preparado o más que la doctora de la reluciente simpatía, Ebrard Casaubon, es poseedor de una cultura impresionante, por eso para muchos es muy extraño que trabaje para un gobierno populista de corte izquierdista.  

Marcelo se formó con Camacho Solís representante del salinismo cuya esencia neoliberal detesta López Obrador, pero Marcelo ha sabido acomodarse y quizás le esté cobrando favores a Andrés Manuel, favores que, podrían datar de la época en que Camacho era regente del DF, y hoy aprovecha. 

Marcelo por situación de cercanía con AMLO, estaría en desventaja frente a la señora Claudia y de Adán Augusto.  

Adán Augusto López, tabasqueño, era gobernador del estado del presidente, cuando este lo trajo para la Secretaría de Gobernación, su antecesora estaba limitada, cercada, sin embargo, Adán llegó con poderes amplios y bajo su coordinación los órganos de la mermada Inteligencia del Estado, pero que aún sirve para operar de la forma que el gobernador con licencia quisiera en el momento oportuno.  

Adán Augusto no es una blanca paloma, sabe al igual que sus rivales, chantajear, amenazar, y es muy dócil en la obediencia al caudillo Andrés Manuel. 

Los tres son hábiles en el manejo de la filtración, en el manejo de los rumores, en la descalificación y en la trampa política, entre ellos pueden pactar y acordar el juego limpio, la terca realidad nos proveerá un espectáculo estercolero, y falta el hijo desterrado Ricardo Monreal. Hasta la próxima.