- TV Azteca, El Universal y Reforma, garantía de periodismo
Miguel A. Rocha Valencia
No sabemos si las presiones en Palacio Nacional o la soberbia de quien se considera encarnación de la voluntad popular llevaron a la titular del Ejecutivo a balconear a aquellos medios que, por seguir las reglas del oficialismo, son favorecidos con publicidad oficial que sale del presupuesto público y a intentar estigmatizar a aquellos que, por no alinearse, no reciben apoyo alguno.
Si en este último caso se dijera públicamente que el periódico Impar no recibe dinero del oficialismo, la verdad sería un sello de orgullo, pues, a pesar de ello, ya cumplimos ocho años de existencia sin variar la línea editorial que desde la columna Yo Campesino sostenemos desde que tecleábamos el Ovaciones de “antes”, continuamos en La Tarde y seguimos en unomásuno.
Por fortuna y pese a las carencias, un puñado de periodistas, entre quienes destacan Francisco Rodríguez, Víctor Sánchez, Carlos Ramos, Arturo Suárez, Fernando Meraz, Miguel Ángel López, Enrique Escobedo, Moisés Sánchez Limón, Daniel Lee, Gregorio Ortegan, Bernando López y María Escalante, entre otros, hemos mantenido nuestra posición crítica “con números y pruebas” frente a un gobierno que se apropió de la verdad y la llamada narrativa pública.
Nada de lo que se diga contra lo que el oficialismo plantea es verdad, es un embate de la derecha, de los traidores a la Patria que quisiéramos descarrilar a un sistema de gobierno mentiroso, manipulador, cínico y soberbio que emplea el poder para abusar de él, crear estructuras corruptas y criminales y atacar, eso sí, con “todo el peso” del Estado a los críticos y a quienes se atreven a decirle “no”.
Y es que en ese marco impuesto desde el poder, en que se ponen sobre la mesa unos lineamientos escritos y propuestos por el oficialismo para supuestamente defender el “derecho de las audiencias”, sale a relucir, con todo cinismo, la verdadera vocación autoritaria de la 4T que busca mecanismos “legales” para imponer su realidad, su óptica de lo que debemos leer, escuchar o ver los mexicanos, no solo a través del programa matutino de Palacio Nacional, sino también de los medios privados, muchos de los cuales agacharon la cerviz con tal de recibir los necesarios recursos para sobrevivir, así como las concesiones que, como empresarios dueños de medios, les permiten mantener sus bienes e ingresos personales.
Inclúyanse en el espectro los medios digitales, las redes sociales, los lamebotas de la lista mañanera y, desde luego, los medios oficiales convertidos hoy en instrumentos de propaganda del cuatroterismo, cuya definición parece más cercana a la de una organización criminal que a la de un partido político.
Por ello no debería sorprendernos y, de hecho, a muchos se nos fue “la nota” cuando en Palacio Nacional se reconoció que se reparte dinero público entre los medios tradicionales y electrónicos, a los que dicen no se cuestiona la línea editorial, pero a leguas se nota que sus portadas ya tienen una óptica diferente de los temas lacerantes en economía, seguridad y política.
Se explica el porqué desde la aparente seriedad y objetividad de algunos medios se excluyen los programas de opinión, sobre todo si son contrarios a los criterios oficialistas, en un ejercicio de autocensura para conseguir “publicidad”.
También se explica el porqué de algunas encuestas que presentan contrastes infames entre la popularidad de quien ejerce el poder y los niveles de rechazo por la altísima percepción de corrupción en el gobierno o la inseguridad en el país. Se trata de muestreos que se desmienten a sí mismos.
Se entiende de esa manera la inclusión de brillantes “plumas” del oficialismo que parecen o son inserciones pagadas, lo mismo en medios escritos que electrónicos, donde firman los jilgueros oficiales que, por fortuna, dan empleo a amanuenses que alquilan su talento, conocimientos y prosa para “teclear” sesudos artículos afines al poder.
Por ello es muy grato que desde la más alta tribuna del oficialismo nos digan a nivel nacional que aún existen bastiones de resistencia y trincheras del periodismo como TV Azteca, El Universal y Reforma, medios a los que nos sumamos desde nuestro modesto medio, donde, como en todos, hay espacios para renta, pero nunca se ha de vender el criterio editorial, aunque ello cueste la desaparición de Impar, pero no la de Yo Campesino, desde donde se ha hecho crítica a los gobiernos desde José López Portillo a la fecha.
¿Entonces, cuál es el criterio para repartir el dinero del pueblo entre los medios si TV Azteca, El Universal y Reforma son de los de mayor audiencia? ¿Se habrá dado cuenta de lo que dijo quien lo dijo?















