Miguel Ángel López Farías
Insistiré en citar la máxima de los sabios griegos quienes decían que cuando los dioses querían ver fracasar a alguien lo hacían ciego y sordo, la tragedia que comienza a levantarse en América Latina no tiene que ver con las fallas de un modelo socialista o conservador, en lo absoluto, el tumor que alimenta las manifestaciones en Ecuador, Bolivia, Chile y ahora Colombia deberán ser estudiados ya con otras guías de análisis político, pues no competen.
Reitero a qué tipo de modelo económico es el que está fallando, el incendio es provocado por el estilo personal de hacer gobierno, presidentes que, sin importar doctrinas o escuelas de economía, se han dedicado a cultivar la personalidad de sus deformes mandatos, encerrarse en sí mismos, abandonando el sentido común, dividiendo a sus países al sembrar fantasmas de supuestos enemigos de sus gobiernos, llámele usted conservadores, gringos, empresarios, mafias de políticos, opositores a sus proyectos de nación.
Póngale usted la máscara que le plazca, a estos mandatarios les acomoda vender eso y grandes masas de fieles les han creído el guion en Bolivia, un personaje como Evo Morales, aun cuando su administración pudo haber sido una bandera de lucimiento en cuanto a los buenos resultados económicos y combate a la pobreza es que decidió recurrir al fraude, a la sucia trampa de meterle las manos a los resultados electorales, y dejando de escuchar las voces que ya no lo querían fue en búsqueda de su permanencia, enfermo de poder, se lanzó al redituable esquema de la victimización y ahí lo tienen, viajando en clase VIP por México, levantando polémica y ganándose que aquellos que lo respetaban le comiencen a dar la espalda.
Así con Chile, en donde su presidente, de derecha, desprecio a la clase media, desprecio los consejos que le advertían que no se metiera con los bolsillos, y Chile es una bomba que va adquiriendo fuerza y que reventará en algo mayor a una mera renuncia de su mandatario Piñeira, Ecuador y los campesinos vapuleados por su gobierno, el tigre despertó y no hay quien los pare, Colombia, insólitamente una nación que ha buscado la paz hoy se revela ante la grosera indolencia de su gobierno, uno que creyó que nada pasaba si continuaba golpeando la cartera de los obreros y estudiantes, y ahora, se suman los contingentes de una clase media que se había dedicado a observar, pero que jamás se había sentido llamada a tomar las calles.
El reflejo latinoamericano en este tipo de revueltas no es casual, no es espontaneo, tiene que ver con ese ADN, dicho por Elena Poniatowska, ese virus que le da a los presidentes de nuestro contente hispano en aferrarse al poder, surgido de la idea de que ellos y solo ellos son capaces de generar todas las trasformaciones sin tomar en cuenta a nadie más, y algo mucho peor, despreciando a esa parte de las sociedades que trabajan, que se superan, que desean un mejor futuro , que buscan justicia y gobierno honestos.
Los casos de Chile, Ecuador, Colombia, Bolivia más los que se sumen, son resultado de años y años de desprecio hacia esos sectores que habían permanecidos en las sombras, vigilantes, pero sin entrometerse, y ahora, por la violencia cometida en sus economías y la grosera respuesta de esos presidentes es que la metástasis ha hecho su aparición de manera dramática.
Lo escribió Bill Clinton en su oficina de la casa blanca: «es la economía, estúpido»… frase durísima para recordarse así mismo que su tarea era dirigir sus esfuerzos a la creación de más empleos bien pagados, a mayores inversiones, a ser promotor y aliado de la iniciativa privada, a fortalecer los bolsillos de sus gobernados.
Algo deberían haberle aprendido estos pintorescos presidentes de América al ex presidente de los Estados Unidos… pero no, insisten en desequilibrar financieramente a millones de familias en sus países, y de ahí vienen los resultados. Países en recesiones, hundidos por los experimentos y una supuesta iluminación divina de creerse infalibles en sus decisiones. Aguas.















