Supongo que es así. Esta tarde se va a escapar de la escuela,
y mañana tendré que hacerlo trabajar para castigarlo
Las aventuras de Tom Sawyer
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Luego de un par de años escondido en La Chingada, porque eso es lo que ha hecho, reapareció Andrés Manuel López Obrador, en esta ocasión en un video de más de una hora para presentar un nuevo libro. Ya sabe usted, seguir torciendo la historia a su modo, porque de historiador no tiene credenciales y eso lo dicen los expertos; claro que para sus fieles seguidores será palabra sagrada del líder de la “nueva mafia en el poder”.
Gran parte de su legado lo seguimos padeciendo: sus obras que no terminan de jalar al cien por ciento, los muertos, los desaparecidos, la deuda, aunque dijo que con el combate a la corrupción bastaba, pero no; su palabra devaluada, igual que la de los del PRI y el PAN; la escasez de medicamentos, la destrucción de la transparencia y la apropiación del INE y del Poder Ejecutivo y Legislativo. Pero así son los populistas: ellos no son responsables de nada porque todo está bien y, si no, simplemente eres opositor.
La reaparición no es casual, pues la fiesta era por los dos años de gobierno de Claudia Sheinbaum y no por el retiro. Y es que todos los días se acumulan preguntas sobre el sexenio y sobre los cercanos de López Obrador, quien decidió guardar silencio. Ni una palabra de las relaciones de sus hijos, de la corrupción de su administración, de Segalmex; de eso, nada. Y cínicamente se atrevió a decir que él terminó con la corrupción. Ese es el Pejelagarto que se pinta de cuerpo entero.
Fiel a sus ideas, no podía faltar el señalamiento contra periodistas y críticos. La vieja fórmula permanece: cuando las preguntas resultan incómodas, el problema parece estar en quien las hace y no en aquello que se pregunta. Durante años, desde Palacio Nacional, se convirtió a periodistas, medios y opositores en adversarios cotidianos para justificar, para encontrar enemigos contra los que pelea para salvar al pueblo. Hoy, desde su retiro, el discurso conserva esa misma lógica porque no sabe hacer política de otra forma.
López puede guardar silencio sobre lo que considere conveniente, faltaba más, es dueño de ello. Pero su regreso también permite preguntar: ¿por qué hablar ahora y de esos temas, mientras se esquivan otros que siguen pendientes? El expresidente dejó el poder, pero no necesariamente la narrativa que construyó durante seis años. Se nota que sigue en su papel y le ha costado mucho quitarse la investidura; así se ve, obsesionado, igual que Vicente Fox y Felipe Calderón.
Pero los periodistas no tomamos decisiones ejecutivas para hacer una u otra obra, no mandamos iniciativas, no desaparecemos instituciones, no reservamos información para que la ciudadanía no se entere, no repartimos contratos ni justificamos el tráfico de influencias o el nepotismo que dijo combatir. Tampoco tenemos el poder para hacer de la sociedad, ni por un ápice, una sociedad neofascista. A la oposición tampoco le alcanza, y claro que habrá algunos, pero quien sí tuvo ese poder fue quien ejerció la Presidencia y hoy se hace pequeñito.
Luego vienen los yerros y la corrupción que brota de la cloaca llamada 4T. Es muy fácil querer tapar la realidad con libelos; mejor dese una vuelta por los territorios perdidos y donde opera el narco, trabaje con las madres buscadoras, con los desplazados, y no con los de Calderón o Peña, sino con los que provocó su gobierno.
No, López, los periodistas no somos responsables de sus decisiones; esas tienen nombre y apellido. De lo que sí tienen responsabilidad los periodistas es de investigar, de sacar a la luz los excesos, los viajes, los contratos en las obras y las relaciones con el narco. Pero no se sienta tan importante, porque eso siempre ha sido así y así seguirá.
Y mientras él reaparece en un video, México sigue esperando respuestas. Porque una cosa es guardar silencio y otra muy distinta es creer que, por no hablar de los problemas, estos desaparecen.
Los periodistas seguirán preguntando. Aunque a algunos les incomode.
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Hasta la próxima















