• Es obligación del gobierno, no privilegio de sectas, grupos o simpatizantes

Miguel A. Rocha Valencia

La exigencia de paz en el país, fue una de las dos principales banderas de campaña de Andrés Manuel López Obrador; la otra, la lucha contra la corrupción, la mafia del poder a la que prometió exterminar y castigar.

Ambas ofertas del entonces candidato, llegaron al corazón de los mexicanos hartos, de la inseguridad que vivía el país, y fastidiados de los excesos de quienes se fueron y se llevaron con ellos, gran parte de la riqueza de México.

Según el INE, fueron 30 millones de mexicanos que creyeron en las ofertas o repudiaron a los que fueron señalados como mafiosos entre azules, tricolores y amarillos. Yo diría que fueron muchos más y entre ellos no hubo diferencia de credos, sino una manifestación de esperanza, de interés por un cambio que incluía castigo a ladrones y tranquilidad en el país.

Incluso el primero de diciembre de 2018, la esperanza se hizo mayor cuando el ungido, ya como presidente, espetó en la cara de Enrique Peña Nieto, quien encarnaba al viejo y corrupto régimen, todo eso que el pueblo repudiaba, empezando por la corrupción, ensangrentar al país con el uso de las fuerzas armadas y el descaro en el asalto a las arcas públicas.

Ahora, ya presidente, y a más de cuatro meses, López Obrador afirmó que “la exigencia de paz en el país es promovida por los conservadores que les molesta mucho” las acciones de su gobierno.

Primero hay que dejar claro que a todos nos interesa la pacificación del país, podemos estar de acuerdo o no con los métodos, pero deseamos salir a la calle, a nuestras ocupaciones paseos o diversiones, tranquilos y seguros, pero no como generosa dádiva, sino como responsabilidad del gobierno.

Segundo que un presidente de la República lo es para todos, no para sectas, grupos o sólo para quienes comulgan con sus ideas o votaron por él. En este caso, es de todos los mexicanos, a eso no pude renunciar y en ese sentido, está obligado a hacer lo que mandata la ley, no colocarse por encima de ella con memorándums bajo el pretexto de aplicar justicia.

Pero además, qué tiene que ver con exigir paz con lo que afirma es “la desesperación de los conservadores, que no les gusta, les molesta mucho lo que hacemos, les preocupa, porque ya no pueden saquear, no pueden robar”.

No, lo que molesta y preocupa es la inacción, la incapacidad de poner orden, de cumplir lo prometido incluyendo castigar a los corruptos.

Peor, acusa que lo de la masacre en Minatitlán fue utilizado para desacreditarlo ¿Cómo, sólo por pedirle que cumpla su promesa y luego salga con que tardará al menos otros seis meses para alcanzar algún resultado de pacificación, es politizar el tema?

Claro, los muertos en ese lapso no serán su culpa, pero ofreció que ya no los habría al asumir el poder, que sacaría al ejército de las calles, y las va a militarizar.

Nos dice que con la entrega de dinero reducirá la criminalidad, como si un sicario esté dispuesto a dejar su actividad que incluye fortunas y otras “prerrogativas” a cambio de tres mil 600 pesos.

Yo creo que la paz y el castigo a la corrupción lo queremos todos los mexicanos, no sólo sectas, grupos simpatizantes o “adversarios”. El tema no es de querer o consultas, sino de deber, responsabilidad de gobierno, no promesas de candidatos. c

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