• Contra toda norma, López reinicia obras en Santa Lucía

Miguel A. Rocha Valencia

A nadie sorprendió que luego del “apretón” de la Unidad de Inteligencia Financiera de contra el poder Judicial, donde un ministro de la SCJN renunció sin explicar su decisión y a un magistrado moribundo se le suspendió por discrepancias en su patrimonio, se cayeran los amparos otorgados contra la construcción del aeropuerto en Santa Lucía, promovidos por el colectivo #NoMásDerroches.

Tampoco sorprende que el presidente de la República de por iniciadas las obras en la base militar que se transformará en terminal aérea comercial.

Menos nos sorprende que después de un año de violaciones a cualquier ley que se le ponga enfrente, el señor López Obrador inicie unos trabajos sin cumplir con la premisa judicial de presentar los estudios de impacto ambiental y arqueológico, de viabilidad aeronáutica, los edafológicos; agua, vialidad y todos los que fueron requeridos por la autoridad para que se realicen dichos trabajos.

Las presiones al Poder Judicial cumplieron su objetivo, disfrazar la realización de una obra que será un derroche de dinero, que se sumará al desperdicio de los cientos de miles de millones del NAIM en Texcoco.

Pero, aunque con gran pompa y júbilo, al viejo estilo priista, López diera el banderazo a la obra, hay órdenes legales que lo prohíben ya que, para empezar, el aeropuerto debe ser concesionado a particulares, debido a que es terminal comercial, realizará operaciones civiles y la SEDENA no lo es.

No existe plan maestro y menos el proyecto ejecutivo, el estudio costo-beneficio; aún falta el análisis de aeronavegabilidad y orografía.

Ni que decir de los temas impuestos por la propia Secretaria del Medio Ambiente, en lo que se refiere al impacto al entorno, incluyendo el agua y ni hablar del resguardo arqueológico.

Bueno ni siquiera el de viabilidad de operaciones simultáneas entre el actual Aeropuerto Internacional del Peñón y el de Santa Lucía.

Queda pendiente la consulta indígena a las comunidades y pueblos originarios de la zona, como éstos lo han venido reclamando una y otra vez.

Es decir, se inicia una obra porque así lo cantó el ganso; como un hecho político más que económico, porque si así fuera, el de Texcoco seguiría su marcha. Ni modo veremos en qué termina este sainete que podría llamarse “La venganza del Peje”.

Eso sí, vuelve a mostrar que, en aras de su proyecto, que más huele a revancha, la ley no le importa ni mucho menos el daño que hace a miles de mexicanos, no sólo en este tema, sino también en salud, bienestar, ecología y desde luego, el económico.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here