• Con fracaso de Insabi, menos cobertura en salud y cae esperanza de vida

Miguel A. Rocha Valencia

Desde su creación a la fecha, el Instituto de la Salud para el Bienestar dejó de ser opción para mejorar la cobertura y atención de los mexicanos carentes de atención institucional y con ello, el número de personas marginadas aumentó en 15 millones y la esperanza de vida de los mexicanos, se redujo en tres años.

Claro los datos serán rebatidos por la 4T, pero los análisis de los datos del Inegi revelan una realidad que golpea a los más pobres de este país, a quienes las dádivas en efectivo, no les alcanza para pagar consultas, medicamentos o tratamientos, por lo que hoy más enfermos sin afiliación a las instituciones de salud pública, fallecen.

La sobretasa de defunciones está en las estadísticas, incluyendo las derivadas de la pandemia de SARS-CoV-2. De 2020 a marzo de 2021 se registraron un millón 437 mil 854 muertes totales, calculándose un excedente de 497 mil 476 fallecidos.

En base a ello un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) sobre el INSABI, plantea que el Instituto no ha logrado sustituir al neoliberal Seguro Popular y por el contrario, causa retrocesos en las expectativas de salud, tan es así que en los dos años analizados, se sumaron 14.5 millones de personas más, sin acceso a servicios y con expectativas de menos años de vida saludables, en tanto que la esperanza de existencia disminuyeron en tres años, incluyendo los efectos de la pandemia.

Según los datos del Inegi, el reto de INSABI era dar cobertura a por lo menos 52 millones de mexicanos que tenía afiliados el Seguro Popular, pero en vez de ello y extender servicios de salud a 21 millones más que declararon no tener acceso a la atención de instituciones como IMSS o ISSSTE, su cobertura disminuyó.

Y se explica tal hecho por la disminución de recursos presupuestales que si bien aumentaron en 2019 en 0.73 por ciento y en 2020 en 0.91 por ciento del PIB, lo cual resultó insuficiente, más porque en 2021 volvieron a reducirse en 0.79 por ciento, lo cual en pesos significó que el gasto en salud de la población sin seguridad social descendiera de tres mil 656 pesos en 2019 a tres mil 299 en 2020 y a dos mil 911 pesos en 2021.

El gasto en casos de alta especialidad cayó en 27 por ciento y se eliminó el fondo para gastos para enfermedades catastróficas como cáncer, que sumaban 33 mil millones de pesos. Ahí entra la falta de medicamentos y tratamientos para niños con esos padecimientos. 

Ante tal panorama y la incapacidad del titular del INSABI, el arqueólogo Juan Antonio Ferrer para cumplir la tarea, especialmente en la adquisición de insumos, la nueva estrategia es aprovechar la infraestructura, física y de personal del IMSS-Bienestar y la Secretaría de Salud para la coordinación, logística y atención.

Aun así, cuando la 4T llegó al poder en 2018 se calculó que la población sin algún servicio de salud sumaba 21,2 millones de personas, esa cifra aumentó a 27.1 millones en marzo de 2020 y con la pandemia creció hasta finales del 2020 a 35 millones 700 mil mexicanos sin acceso a atención médica, es decir casi 15 millones más.

De tal suerte que al alejarnos de los malos y corruptos servicios de salud creados por el neoliberalismo y no alcanzar los estándares europeos prometidos por el ganso de Macuspana, el deterioro en los niveles de vida se muestra con mayor mortandad en enfermedades crónico degenerativas, las cardiovasculares y desde luego en la medicina preventiva, que propician caída en la esperanza de vida de muchos mexicanos especialmente entre los más vulnerables. De tal suerte que, si la esperanza de vida antes de la 4T era de 75 años, hoy es de 72 años.

Al respecto el CEEY plantea que un mayor porcentaje de población sin acceso a los servicios de salud, anticipa una menor movilidad, lo cual incide en los niveles de vida de la población y propician efectos negativos en la economía, incluyendo la generación de más pobreza.

Así las cosas, poco podemos esperar ya del gobierno del mesías tropical que en todo queda mal, lo mismo seguridad y anticorrupción que en economía y salud, donde para colmo, la inflación golpea y encarece medicamentos o genera escasez incluso en las instituciones tradicionales, donde el número de recetas no surtidas aumenta todos los días. En 2021, fueron más de 24 millones de prescripciones.

Los datos sobre inseguridad se sintetizan en 120 mil asesinatos con impunidad declarada a los criminales, la corrupción está documentada en contratos y videos incluso con familiares del machuchón de Palacio Nacional y en economía, el estancamiento, retroceso y el aumento en los pobres alimentarios.