• INE demostró ser un organismo ciudadano confiable y eficiente; quien acuse fraude, miente

Miguel A. Rocha Valencia

Si las tendencias se mantienen, la alianza PAN-PRI-PRD habrá puesto un freno a Morena y aliados en la Cámara de Diputados y con ello a reformas constitucionales sin consenso, por dedazo o caprichos del Ganso de Palacio Nacional, lo cual, es un triunfo para la democracia, los mexicanos.

Fue tan terso y copioso el proceso electoral que quien reclame fraude, faltará a la verdad y se exhibirá ante una sociedad vigilante y participativa que dio un mentís incluso a los violentos y desafió los retos de la pandemia para decidir el rumbo del país.

No se trató y nadie intentó, un golpe de Estado, sacar al Ganso de Palacio Nacional o cuestionar la legitimidad del actual presidente, sino simplemente buscar la forma de establecer equilibrios en el poder que, concentrado en una sola figura, hace daño, huele a autoritarismo o dictadura con decisiones unipersonales sin freno.

De tal suerte que la elección, se convirtió en un fenómeno social que sirvió para despertar los sentidos cívicos de una sociedad que decidió tomar parte y hacer sentir su voz por la vía del voto, provocando el ridículo de dirigentes partidistas que incluso con las casillas cerradas proclamaron triunfos inexistentes o anticipados, como si con ello pudieran cambiar el sentido del voto.

Voces triunfalistas de unos y otros como si intentaran posicionarse, como si con declaraciones pudieran ganar el favor de las mayorías. Veremos si ante la demostración popular, alguien se atreve a caer en el ridículo de reclamar fraude cuando durante todo el proceso, nadie lo mencionó, ni opositores ni quienes detentan el poder.

Pretender descalificar el proceso de elección, aunque sea a nivel local, será una aberración y marcará a quien lo diga como el peor antidemócrata. Sólo 30 casillas no abrieron por distintas razones; tres debieron cerrar por la fuerza y sólo se reportaron incidentes menores.

Pero hacia dentro de las casillas, los funcionarios electorales y representantes de partidos, todos ciudadanos, firmaron sin presión las actas respectivas al cierre, sin impugnaciones ni quejas. Mostró el Instituto Nacional Electoral que es un organismo confiable y popular en el cual se puede confiar incluso como ejemplo a nivel internacional.

Por eso, México ganó; ojalá las cifras nos indiquen lo que parece tendencia: el establecimiento de un mayor equilibrio en la Cámara de Diputados federal, con reparto de gubernaturas, ayuntamientos y congresos locales repartidos entre las diversas fuerzas políticas, quienes vienen a completar la voluntad de un pueblo que, si no desmienten los números, acudió masivamente a las urnas para decir cuál era su decisión.

Ojalá sea este el preámbulo de un nuevo panorama para el país, que no salgan las voces discordantes desde el poder, de Palacio Nacional para descalificar lo que pueblo dijo y a reclamar lo que no se les concedió. Igual para quienes desde la oposición intentaron llegar al poder y se quedaron en el camino, más por sus deficiencias y falta de propuestas que por las amenazas de violencia desde el poder y el crimen.

Que esta lección la acepten todos; la vox populi se expresó, habrá qué respetarla, el primer obligado es quien detenta el poder. Veremos…