• En sus fijaciones y venganzas, el mesías quiere acabar con INE, TEPJF y críticos

Miguel A. Rocha Valencia

Transpira rencor; el tono y facciones lo delatan y cuando afirma que no odia, en realidad aborrece de una manera patológica, por eso no tiene capacidad de medir los epítetos contra jueces, magistrados, medios, periodistas o críticos en general.

Tampoco es capaz de ocultar su animadversión por todo aquello que le hable de cultura, preparación académica, superación personal. Su baja estatura le impide aceptar que existen en el universo mejores cosas que Macuspana, personas, profesionales que no necesitan vestirse de oropel que los ridiculiza o habitar en un palacio para darse un valor del cual carecen.

Es como esas monedas falsas, sin importar el material del que sean o las recubran, carece de valor intrínseco, no sirven más que de adorno y puestas en un estuche tienen menor valor que la envoltura.

Por eso sus reacciones acres, agresivas, ofensivas como las de gánster, corruptos, mafiosos, neoliberales o su expresión máxima, pues carece de lenguaje: conservador.

Habla de cambiar instituciones como INE y TEPJF porque a su juicio son corruptas no obstante tiene incrustados ahí varios de sus alfiles, al Poder Judicial en su conjunto, sin ver que, en el Ejecutivo, la pudrición se hace evidente, brota todos los días lo mismo en sus hijos, nuera, cuñadas, hermanos y primos.

La lista se hace larga y ya incluye “colaboradores” que reciben los beneficios de la 4T iniciando por la exministra Sánchez Cordero y marido, Manuel Bartlett, todo lo que envuelve al Banco del Bienestar sus más de dos mil 500 sucursales y sus equipamientos; las “megaobras” de su megalomanía con la entrega de concesiones a los “amigos”, empresarios favoritos y que al final son los mismos beneficiados desde su más odiado enemigo, Carlos Salinas de Gortari.

Igual sería la lista de promesas no cumplidas empezando por regresar la tranquilidad al país, acabar con los asesinatos, darnos un sistema de salud europeo y que, al contrario, hoy rinde cuentas macabras con más de 248 mil muertos “oficiales” por la pandemia, más todos aquellos que por su ignorancia, negligencia o perversidad, fallecieron por falta de medicamentos y atención médica.

Creó un Insabi, un Frankenstein inservible que contra el desaparecido y “corrupto” Seguro Popular, deja sin amparo de salud a 35.7 millones de mexicanos, de los más pobres. Antes la cobertura gratuita cubría a 15.6 millones más, precisamente de los más desprotegidos.

Hoy hay más mexicanos que se mueren por falta de atención médica y ausencia de medicamentos, no obstante que las cuotas de “recuperación” se continúan aplicando en especial en los institutos de salud, sólo que hoy con mayor rigor.

Mentiras para todos los mexicanos, incumplimientos para quienes creyeron en un Mesías que no llegó para servir a los demás sino para servirse del poder en su propio proyecto, no importa que cueste miles, decenas de miles de vidas.

Agreguemos las amenazas, ya que mientras cubre bajo su manto de impunidad a amigos corruptos y criminales, alza el dedo para destruir instituciones y a los que no se someten.

Amenaza con el extermino al Instituto Nacional Electoral, al Tribunal Electoral del Poder Judicial, y por qué no, a la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación, a todo el Poder Judicial, por corrupto y en ello encuentra un cómplice, al propio titular de ese pilar constitucional, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.

Igual a medios; le advierte a El Universal y a Reforma que, en la posición crítica de su línea editorial, encontrarán su desaparición, mientras alimenta su ego en diarios como La Jornada y somete a otros a cuyos dueños tiene amenazados, chantajea y extorsiona con “carpetas de investigación” armadas precisamente por el decrépito incondicional Alejandro Gertz Manero, otro sujeto que emplea el poder para venganzas personales.

Cierto, no es periodísticamente correcto utilizar epítetos contra los señalados ni ponerles motes en este espacio. Mi disculpa es que si ellos no respetan a un gremio al que pertenezco hace casi 50 años, así como a esa sociedad a la que ofenden reiteradamente, y si no son capaces de obedecer su mandato constitucional entonces no se merecen el respeto de nadie, ni de sus descendientes que estarán marcados por el quehacer infame de sus padres y abuelos.