El artista en 1967.

En el primer disco de David Robert Jones como Bowie, lanzado en 1967, el escucha atento puede encontrar desperdigadas las claves para entender la extensa obra del finado artista

Tuviste tu oportunidad y ahora la puerta se ha cerrado

There Is A Happy Land /David Bowie

Jesús Serrano Aldape

Y contrario a lo que digan otras voces, la canción de Space Oddity que habla de un astronauta en plena órbita que se desconecta del control en tierra al ver el planeta azul y pacífico e imaginarse que en la realidad esto no era cierto allá abajo, no es sólo la gran canción y hit del comienzo de la carrera de David Bowie, es algo más: es la cumbre de su creatividad, el momento en que un delgado artista sin identidad encontró una.

Pero a la distancia, ese track y disco que en este 2019 cumplen 50 años, constituyen la cristalización y focalización de las obsesiones de David Robert Jones, que se enteró que para crear algo de validez que le ganara la fama que admiraba en su adorado Little Richard (la situación que para empezar lo trajo a la música), tendría que inventar máscaras e historias para éstas, para que le ayudaran a enfrentar a la audiencia, porque él no tenía ni idea de quién era.

Esto se puede notar mejor en la obra homónima de 1967, titulada simplemente David Bowie, donde el joven que cambió su nombre para no ser confundido con el cantante de los Monkees, nos muestra un fresco con partes de su identidad, desperdigadas por los 14 cortes del LP.

Y sí, él quería cantar románticas como Jacques Brel, quería que su voz sonara como la del crooner de moda Anthony Newley y en sus canciones pasar de las alusiones navideñas en Sell Me a Coat, al manifiesto fascista de We Are Hungry Men, que entre otras lindas cosas habla de un grupo de granujas futuristas cuya intención es legalizar el infanticidio.

David Bowie (Deram Records, 1967).

Pero qué difícil es tomar en serio a un talentoso sujeto que está en todos lados y a la vez no está en ninguno. Es la canción de amor pop con When I Live My Dream y Love You till Tuesday; es el momento grato y de transición tragicómica con Rubber Band y Maid of Bond Street, y el final genuinamente bizarro con ese alucín de asesino serial sin música y con un Bowie en declamativo, con sólo los efectos de la lluvia mientras este avieso sujeto entierra a su víctima.

Sí, era un tipo con muchas ideas, revoloteaban a lo largo del disco, pero el resumen de todo buen oído de la época lo puede bajar de sus castillos de aire diciéndole: ‘eres bueno chico, pero te pareces a Anthony Newley’. No sólo la voz (y bien puedo recordar que años después, cuando Bowie ya era una súper estrella y un artista impar con varias obras maestras bajo el brazo, hizo lo mismo cuando modeló su voz basándose en la del hoy también difunto Scott Walker), este talentoso artista quería ser un trovador de pueblo, cantar sobre las enseñanzas tibetanas (Silly Boy Blue): era demasiada pretensión sin un foco.

Era confuso a morir y, sin embargo, el talento era obvio y ninguno de los intentos de ese primer álbum son ociosos en la posterior discografía. ¿Qué extraña mutación ocurrió para que tan sólo dos años después de la aparición de su primera obra como David Bowie, éste tocara las alturas de la creatividad con Space Oddity?

¿Qué ocurrió en la cabeza del aprendiz del mimo Lindsay Kemp, del fanático de Lou Reed y Andy Warhol que quería hacer algo importante en el pop porque quería emular a sus ídolos del rock, y saludar a Elvis algún día? Es uno de los más grandes enigmas de la carrera de este hombre.

En ese primer disco cada canción parecía un experimento. Qué absurda mutación ocurrió que de un álbum en que era el imitador de Newley, dos años después puso en el mundo lo que hoy denominamos como bowiano. ¿Sería demasiado audaz sugerir que hasta sus obras más acabadas no son otra cosa que este primer disco, pero con maquillaje y otros sonidos?

Cuando Jones encontró a la tragedia

Y hoy es válido afirmar que lo que escuchamos en el álbum Space Oddity es un personaje animado por el folk espacial, es el hippie, el folk song rocker que ve su ideología pasada de moda a punto de subir al cadalso. Porque para los grandes maestros hippies a los 30 años ya estabas muerto maestro.

El Mayor Tom se desconecta de la base en Tierra para echarse a volar, tanto en la metáfora demasiado parecida al final de A Space Odissey de Kubrick, como en el posterior regreso del Mayor Tom en Ashes To Ashes, donde su gesta ya no es una linda viñeta de la era del amor y la paz, sino un junkie que se quedó en su viaje de cocaína.

Jones aprendió a cristalizar épocas por medio de sus personajes a los cuales luego mataba por medio de su cuchillo de dos filos (Bowie), en un uso soberbio de los simbolismos.

Porque en el fondo el Mayor Tom encarna una época desahuciada y Bowie lo viste con los conceptos del Flower Power, revelando en las líricas la imposibilidad del sueño del amor y paz en un mundo angustiado por la guerra fría.

La esencia del poeta trágico, aquel que es demasiado difícil de aterrizar en sus historias, es lo que nutre a los personajes encarnados por el doppelgänger Bowie; una máscara de Jones que a su vez se viste con otras máscaras. Y el origen de todo ello es lo trágico, que reluce en el esqueleto de una vieja canción, olvidada en el interior de aquella primera obra en que copiaba lo que le caía entre manos, en busca de una voz.

Historia que puede ser tan apocalíptica, como sencilla y no por eso deja de ser real, un balance que alcanzaría maestría con Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el Thin White Duke y demás bestiario creado por este fino artista.

Bowie en su primera etapa creativa.

La canción es There Is A Happy Land, que podría ser un track infantil, uno que definió la vena de Jones como un futuro cantor de tracks para niños, sólo que para unos niños muy politizados.

Narra la historia de un auténtico Club de Toby, una tierra feliz donde sólo los niños pueden vivir.

Hay una tierra feliz donde sólo viven los niños / No tienen tiempo de aprender las mañas de usted / Señor adulto.

Hay un sitio especial en los campos rhubarb bajo las hojas / Es un lugar secreto y los adultos no están permitidos, señor adulto / Váyase de aquí, señor.

Y es a la distancia en donde esta simple historia exuda la utilización de lo trágico, una historia sencilla pero llena de temas trascendentales, presentada con una dirección musical que dice mucho con mínimos elementos. Lo es por la voz afectada de Bowie, los sonidos que hablan de una melancolía por lo fenecido, de un edén olvidado; como el propio adulto recordando cuando fue un niño.

Luego Bowie describe a los niños con amenidad y en esa descripción el artista aprendió a dejar a la imaginación del escucha mucho de la historia, describe:

Charlie Brown tiene media corona, comprará un papalote / Jimmy está enfermo de varicela, y Tommy está aprendiendo a andar en bici / El pequeño Tim canta oraciones e himnos, es tan pequeño que no nos damos cuenta si está / Nos estorba, pero siempre dejamos que juegue con nosotros

Mamá nos llama, pero no escuchamos / Hay muchas más cosas qué hacer / Son sólo las cinco y no estamos cansados todavía / Pero lo estaremos, muy pronto.

Y es que hablar de la nostalgia no es sólo la herramienta de éste, ya a estas alturas, creador excepcional, es la capacidad de hilar momentos y estructurarlos como cimas que alcanzaremos con su voz e invariablemente tendremos que aprender a descender, con el relato de la vida cotidiana de sus niños como si escalaran montañas mágicas, la sabia mezcla entre fantasía y realidad.

El mariquita Steven juega con las niñas, alguien lo hizo llorar / Tony subió a un árbol, intentando en serio tocar el cielo / Tommy un día encendió un fuego, casi quemó el campo / Su mamá se enteró, pero nos echó la culpa a mí y a Ray

Es ese momento desgarrador, en que ya no los molestamos, tenemos que abandonar el lugar, ya no nos corresponde, estuvimos viendo a través de un agujero en la cerca y ahora nos han descubierto. Es la tragedia, Bowie mismo nos echa de ese lugar idílico.

Hay una tierra feliz donde sólo los niños viven / Tuviste tu oportunidad y ahora las puertas se han cerrado, señor adulto. / Váyase de aquí, señor.

En el cierre de la canción, David Bowie imita el llanto de un niño chupando su pulgar y mientras el track se desvanece nos preguntamos si es Steven el mariquita llorando todavía, o somos en realidad nosotros porque ya no podemos regresar el tiempo y entrar a esa tierra donde sólo los niños viven.

Escucha aquí There Is Happy Land de David Bowie:

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