J. Adalberto Villasana

Sube el salario mínimo y lo mismo pasa con los alimentos y los servicios básicos. Se requiere de una política económica integral que atienda todos los aspectos, incluida la generación de empleos, antes de que la inflación nos haga llegar a que cada vez sean más comunes los billetes de mil pesos.

El anuncio del incremento del 20% al salario mínimo es mediático porque son pocos los trabajadores con ese ingreso; en contraparte el aumento en el precio de los básicos impacta de manera general en toda la población.

Datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) apuntan que, datos del Coneval (Coneval) apuntan que “una familia de cinco integrantes en una zona rural necesita cerca de 6,884 pesos cada mes sólo para costear la alimentación básica en nutrientes. Para la misma familia en una ciudad el costo asciende a 8,972 pesos mensuales”.

Lo anterior hay que contrastarlo con el anuncio de que a partir de 2024, México establece un salario mínimo mensual por encima de los 7.400 pesos, equivalente a unos 428 dólares, lo cual es resultado de la sensibilidad del sector empresarial y del trabajo de millones de mexicanos, el gobierno federal sólo es espectador, porque carece de una política económica de apoyo a la micro, pequeña y mediana empresa, lo cual lo haría partícipe de este avance.

En la brecha de ingresos, un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) apunta que con base en datos del Inegi los hogares de altos recursos ganan 15 veces más que los de bajos recursos.

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos del Hogar (ENIGH) 2022 del Inegi apunta: La principal fuente del ingreso corriente de los hogares es el empleo, pues los ingresos por trabajo han aportado más del 60% de los recursos percibidos desde 2016.

Se apunta que toda política económica nacional pasa por la creación y fortalecimiento del empleo, para que, en consecuencia, el incremento salarial tenga el impacto requerido en un círculo virtuoso de producción, empleo justamente remunerado y capacidad adquisitiva para satisfacer más allá de las necesidades fundamentales de las familias.

La encuesta Inegi también revela que, el grueso del gasto mensual se destina a la alimentación (38%) y, en promedio, los hogares gastaron 5 mil 19 pesos mensuales en ese rubro. Sin embargo, la proporción es mayor para los hogares de menores ingresos, quienes dedican 51% de su gasto a esos productos; en los hogares de mayores ingresos, la proporción es de 28%.

Y, en promedio, los hogares con mayores ingresos del país percibieron 66 mil 899 pesos mensuales; en contraste, aquellos con menores recursos registraron ingresos promedio de 4 mil 470 pesos. Es decir una diferencia de 15 veces más.

Textualmente hay que decirlo: La política económica debe pasar por el crecimiento económico basado en el aumento productivo del campo en la industria, el cual se traduzca en creación de empleos con salarios justos que lleven a que las familias satisfagan más allá de sus necesidades básicas.

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