• Murales del artista tenían movimiento y podían apreciarse desde diferentes perspectivas 

De acuerdo con Irene Herner, investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Siqueiros hacía “cine pintado”, pues sus obras tenían movimiento y podían apreciarse desde diferentes perspectivas. 

En 1950, David Alfaro Siqueiros concursó en la 25ª Bienal de Venecia. El jurado otorgó el primer premio Internacional al pintor francés Henri Matisse y al pintor italiano Carlo Carrà, con quién el muralista estableció una estrecha amistad en la juventud.  

El segundo premio internacional le fue otorgado a Siqueiros, quien también recibió el Primer Premio Brasil, cedido por el Museo de Arte Moderno de Sao Paulo. 

El artista mexicano declaró a la prensa: “Me alegra recibir este premio porque significa el reconocimiento, en Europa, de nuestro movimiento pictórico moderno. Emplearé este dinero para modernizar, con una tecnología ultramoderna y mecánica, mi taller colectivo experimental de pintura, para ponerlo al servicio de los pintores jóvenes que no cuentan con los recursos suficientes para practicar su arte”. 

El compromiso político del artista no bastaba para lograr un arte militante de vanguardia. Para ser un artista de su era, éste debía dominar una técnica expresiva acorde con los descubrimientos técnicos y científicos de su época; realizar procesos experimentales y cambiar los mecanismos de la producción artística. Había que hacer un arte que se incluyera en la era industrial, integrado no sólo a las Bellas Artes, sino a los lenguajes de los nuevos medios de comunicación industriales. A una revolución de masas le correspondía un arte de masas. A un mundo altamente tecnológico, un arte de excelencia técnica, de innovación experimental. 

Siqueiros realizó a partir de 1932 dos tipos de ciclos murales: los interiores de espacio cúbico, llamados por él “máquinas armónicas”; y los murales exteriores, entendidos como espectaculares callejeros. 

Los grandes anuncios publicitarios, los billboards callejeros, fueron uno de los ejemplos a seguir para Siqueiros, quien, en 1952, cuando pintaba el ciclo mural exterior de Ciudad Universitaria, confirma que “no existe más que una sola experiencia válida anterior a nuestro actual esfuerzo muralista hacia la calle: el de la propaganda comercial, el afiche que cubre los grandes muros descubiertos de las ciudades, industrial y comercialmente importantes de nuestro tiempo”. En 1932, Siqueiros realiza en Los Ángeles, California, tres murales al aire libre, utilizando materiales y herramientas de la industria de la construcción. En estos murales integra al lenguaje pictórico, los lenguajes del cine y la animación de Disney. Por estas aportaciones innovadoras es considerado el padre del muralismo callejero.  

Inicialmente, los muralistas no fueron invitados a pintar murales sobre la flamante arquitectura de Ciudad Universitaria. Ellos lo consideraron una afrenta y un reto, por lo que dieron la batalla y ganaron varios muros dentro de esa arquitectura funcionalista. Para Siqueiros era “imposible imaginar la construcción de una ciudad universitaria en la actualidad de México sin la inclusión de murales y esculturas […] integradas a la arquitectura”. 

El 25 de marzo de 1956, en un artículo a toda plana del periódico Excélsior, Siqueiros escribe sobre su ciclo mural de la Universidad Nacional: “El muralismo de exteriores es la segunda etapa del muralismo. Muralismo moderno”.