Vladimir Galeana Solórzano

Los mexicanos estamos ante una nueva forma de gobernar a través del odio, de manejar el dinero de los ciudadanos de forma patrimonialista, y pretender que los bienes del Estado Mexicano sirvan de sostén para mantener un régimen hegemónico, e incrementar cínicamente la corrupción favoreciendo a las élites del poder. Los funcionarios a de alto nivel que se asumieron como impolutos, ya se quitaron la careta del pudor y han estado mostrando lo que son capaces de hacer para seguir medrando del patrimonio de todos los habitantes de este atribulado país. La organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad dio a conocer que a través de un contrato se vendieron ventiladores respiratorios para enfermos de COVID-19, por un total de poco más de millón y medio de pesos cada uno, con lo que por las veinte unidades se tuvieron que pagar más de treinta y un millón de pesos, es decir, un poco más de un millón de dólares.

No son nuevos los actos de corrupción en el actual gobierno a cargo de Andrés Manuel López Obrador, que ha tomado la costumbre de ver hacia otro lado cuando se denuncian este tipo de anomalías. Claro está que desde la esfera oficial han señalado que todo el gasto ha sido justificado, sin pruebas desde luego como acostumbran hacerlo, aunque los medios de comunicación y los propios ciudadanos entreguemos pruebas de nuestras investigaciones. lo mismo que ocurrió cuando se descubrieron las veinticuatro casas de Manuel Bartlett sin que nadie de la 4T se atreviera a poner en tela de juicio su honorabilidad.

Veinticuatro casas de más de millón y medio de pesos cada una no es algo que el señor Bartlett haya justificado con su salario de alto funcionario. Claro está que Don Manuel Bartlett Díaz tiene todo el derecho de tener ese número de casas, porque pareciera que los principales hombres de la mal llamada Cuarta Transformación se han esforzado mucho para acumular una considerable riqueza que los ayudara a vivir satisfactoriamente en los tiempos difíciles, si es que los hay. También hay que decirlo con todas sus letras.

Don Ricardo Monreal, ahora integrante importante de la nomenclatura gobiernista ha acumulado durante su carrera política local y nacional, la friolera cantidad de diecinueve casas y ranchos, inmuebles que la mayor parte de ellos sobrepasan los diez millones de pesos, con lo que también se sitúa como uno de los hombres más ricos de su estado natal. Tanto el poblano como el zacatecano tienen derecho a mantener su nivel de riqueza alcanzado desde la profesión de políticos profesionales.

Ojalá los mexicanos tuviéramos el derecho de que nos explicaran paso a paso que fue lo que supieron hacer bien para lograr algo así con un salario tan pírrico que se paga tanto en el gobierno de Puebla o Zacatecas, como en el Gobierno Federal. Siempre nos dicen que México es una tierra de oportunidades, pero hasta ahora las únicas oportunidades de riqueza y desarrollo personal, siempre, siempre, tienen que ver con gobierno. Así comenzó Carlos Slim, quien, de ser un simple pastelero y comerciante de calzado, terminó siendo el hombre más rico de México.

No quiero comenzar a pensar que la Cuarta Transformación es lo mismo que los anteriores gobiernos, porque también los hijos de Andrés Manuel López Obrador han acumulado riqueza sin que se les conozca oficio alguno, y ahora cínicamente cuentan con una cervecera, cuando su padre tiro por la borda más de dos mil millones de dólares que una firma cervecera internacional había invertido en Baja California. Este es el México de siempre, y las complicidades de siempre. Para decirlo más claro, Andrés Manuel ya nos mostró que es un corrupto, el problema es que también ya nos mostró que su gobierno será un desastre, y que nos costará muchos años más a los mexicanos volver a reconstruir lo destruido. Al tiempo.

Vladimir.galeana@gmail.com