Carlos Ramos Padilla

AMLO intenta convencernos que la relación con Biden y su gobierno es óptima y positiva. No le dice a Joe “amigo” como lo hacía con frecuencia con Trump, aunque Biden no olvida como Ebrard operó con la comunidad latina en Estados Unidos en favor del magnate.

Las conversaciones con Kamala Harris no han sido aterciopeladas y más por loes temas pendientes y crecientes que ya están afectando a la seguridad nacional del vecino norteño.

En respuesta a la demanda mexicana a la industria privada de las armas recibió como contestación la presión estadounidense sobre, inicialmente, conflictos migratorios enviando a funcionarios de primer orden casualmente del área de seguridad nacional. Además, Ken Salazar, de 66 años de edad, fue confirmado como embajador de Estados Unidos en México por la Cámara alta de Estados Unidos.

El cargo de Salazar fue confirmado por voto de voz, junto con el de otras personas como Jennifer Lester Moffitt, quien se desempeñará como subsecretaria para programas regulatorios y de marketing del Departamento de Agricultura. Salazar, que se describe a sí mismo como un “hijo de la duodécima generación del suroeste”, fue elegido como senador por el estado de Colorado en 2004, pero renunció a su puesto para convertirse en el primer secretario del Interior del entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Conoce bien el ambiente latino ya que durante la campaña electoral de Biden se encargó precisamente del comité de ese sector.

Cuando dejó el Departamento del Interior, en 2013, se unió al bufete de abogados internacional WilmerHale, donde hasta el momento ejerce. Salazar es un hombre práctico, dogmático de la corriente política Obama/Biden y presenta archivos de primer orden de la relación México/Estados Unidos en donde nuestro gobierno no ha sido, digamos, cumplidor.

Además, el franco conocimiento de que amlo se inclina por favorecer a países como Venezuela y Cuba adicional a su abierta defensa a los grupos criminales y de narcotraficantes, ha colocado una alerta especial en instituciones como el FBI y la DEA.

No queda claro aún el caso del General Cienfuegos y las acusaciones mediáticas del gobierno de la 4T contra el militar para luego recibirlo y exonerarlo.

Tampoco, por razones de comercio y estabilidad global, no es transparente la aprehensión de Emilio Lozoya, el perdón a Romero Deschamps, la terquedad de Dos Bocas y la impertinencia de usar energía a través de residuos fósiles.

Incluso, Estados Unidos observa la persecución política a uno de los principales operadores del Tratado Comercial entre ambos países, Ildefonso Guajardo, y el exsecretario de energía, Pedro Joaquín Coldwell.

Señalamientos muy serios sin comprobaciones jurídicas ni sustentos legales por el momento. Tratar de pensar que AMLO presenta buenas credenciales con Biden es iluso. Allá están recomponiendo las torpezas y agresiones del anterior, Trump, y México no queda exento de acuerdos que habrán de recomponerse.

Incluso la administración Biden se sintió confundida y molesta por la remoción de la exembajadora Marta Bárcena, bien calificada para los diálogos entre ambos países. Las cosas no están sencillas, nada fáciles y si muy comprometidas para AMLO que ha colocado a Biden y su gobierno como uno de sus principales opositores.

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