Carlos Ramos Padilla

Los conocí sin conocerlos, no tuve trato personal, no coincidí con ellos. Hablo de tres personajes públicos: Pepita Gomís, Hector Suárez Hernández y Hector Suárez Gomís. Pepita la dama, la veía en la tele, aquellos aparatos de bulbo en blanco y negro, cuando niño. Agradable, educadora, sonriente en su programa “tele kínder”.

Contaba cuentos, enseñaba a dibujar, nos envolvía con fantasía, esperábamos ansiosos el fin de la emisión cuando aparentaba sacar un espejo a través del cual nos hacía pensar que nos veía. Decía nombres y queríamos escuchar el nuestro. Ella siempre cariñosa, linda respetuosa.

Mis primeras referencias de Hector Suárez Hernández fue su participación en ese México degradante de las películas de prostitutas, de ficheras. Picardía Mexicana (1978), Lagunilla mi Barrio (1981), La Pulquería (1982), Nosotros los Pelados (1984), Entre Ficheras Anda el Diablo (1984). Más tarde lo vería en la tele y en el teatro haciendo comedia con personajes como el “No hay”, el “El Flanagan” o programas como “La Cosa”, “La Cosquillas”, “Chucherias” u obras históricas como “El Carruaje” (aquí honró la memoria de mi amigo y contertulio en radio, Carlos Enrique Taboada).

Con esta biografía de Hector Suárez cada quien fue libre de calificarlo y evaluarlo, incluso cuando inició una serie de comentarios críticos a los políticos y a la política o a las televisoras que le “vetaron”. Desgraciadamente me topé, por la tele, con su hijo, le llaman “el pelón Gomís” y fue en una emisión de un denigrante programa en Comedy Central en donde intentaron “rostizar” a su papá.

El siendo su hijo se prestó a la exhibición más denigrante que se le puede hacer a un ser humano y a su propio padre. Invitó a una serie de personajes para acribillarlo con insultos, calificativos bajos, infamias, burlas. Hicieron comicidad de su aspecto, su rostro, su alopecia. Le desnudaron sus errores, sus tropezones, sus equivocaciones. Sólo mi amigo Javier Solórzano, caballero como siempre, digno, educado se vio obligado a participar y aprovecho para recordar sus virtudes y algo muy importante, su amistad, por ello Martha Figueroa lo calificó de “aburrido”.

Entre los verdugos estaba Anabel Ferreira, quien también colaboró conmigo en Radio Trece. A ella la atacaron, la humillaron pero ante mi sorpresa no se quedó atrás, se burló de Hector Suárez ante las sonoras carcajadas de su hijo y el señor pues le confesó que a ella si le daba un “llegue”.

El salpicadero de bajezas continuó. Un tipo que le dicen “el diablito” a otro “Hugo el cojo feliz” (debido a que le dio cáncer y los ahí presentes comentaban el por qué mejor no hubiera tenido metástasis). Una joven Alexis de Anda a la que el propio Hector Suárez le dijo que no era nadie porque no sabía “coger” a lo que Figueroa también arremetió diciendo que se había equivocado de ejecutivo para ganar un protagónico.

En respuesta Martha recibió todo tipo de burlas por ser gorda, obesa y Suárez señor le preguntó que si había bajado de peso o se había quitado la botarga. A Paty Chapoy, Alexis la etiquetó de “escoria como persona”. A Daniel Tovar no lo bajaron de homosexual, a Arturo Hernández de consumidor de “todo”, a José Maria Tavira de mediocre. Y las risas de “el pelón Gomís” se crecían cuando ofendían a su papá por el peluquín que le ocultaba la calvicie, por la cirugía en la nariz (intentando señalar que estaba deforme por su adicción a la droga), por alcohólico, por pederasta, por mentiroso, por golpeador, por mal padre y peor esposo.

Lo culparon de abusar de una jovencita de “Timbiriche”, de procrear a su hija (en ese entonces de año 9 meses) y que con ella tenía mucho en común: los pañales y la papilla). Nunca había presenciado un intercambio de bofetadas verbales tan obsceno, degradante, insultante, cobarde, majadero, ruin, como en aquella transmisión en donde incluso el Sr. Suárez le pidió al Jr. Suárez respetar públicamente a su propia madre.

Francamente no la aguante y menos hoy en día que a la muerte del actor, “el pelón Gomís” el pasado 2 de junio, se permitió publicar una carta familiar en redes sociales en donde “pedimos que por favor comprendan este momento de gran tristeza. Para nosotros se va el papá, el abuelo, el hermano, el esposo y no la figura pública. Dennos oportunidad de procesar este duelo”.

Qué triste que un hijo se tenga que valer hasta de pisotear el honor de su padre para hacer reír. A Hector Suarez Sr antes de incinerarlo lo intentó rostizar su propio hijo hundiéndolo en el menosprecio y la burla barata y pública. Lo exhibió sin consideración alguna, sin darle su sitio como su padre ni como figura pública.

Todo esto queda en el archivo de la comunicación, pero también de la estampa familiar llevada a la tele. En tanto y como sea, Descanse en Paz, Hector Suárez Hernández, dicho con el máximo de los respetos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here