Rafael H. Rivera Puebla

Hasta ahora hemos comentado parte del proceso de la Atención Prehospitalaria en la CDMX así como los esfuerzos por parte de la autoridad para tratar de regular estos servicios.

Al inicio de la década de 2010, se hacen cambios a la NOM-237, dando paso a la NOM-034-SSA3-2013, con un gran avance en este sentido, donde además de sentar un mínimo de conocimientos para el personal de APH, y que este debiera estar certificado por alguna institución educativa reconocida, así como un proceso de emplacamiento para las ambulancias.

Al menos en la CDMX, aunque la norma es de aplicación en todo el territorio nacional, se debe cumplir con tres revisiones, una por parte de Cofepris, que revisa las condiciones del consultorio móvil, otra por parte de SEMOVI para los aspectos legales del vehículo y finalmente por una institución educativa, en este caso el IPN, para los otros aspectos técnicos.

Hasta aquí todo parece que iría sobre ruedas, sin embargo, nos encontramos con un “crucigrama”, dado que la misma Norma no concuerda con la realidad de la gran mayoría de las unidades oficiales, principalmente en cuanto al equipo mínimo requerido dadas las limitaciones presupuestales de la administración pública.

Por otro lado, tampoco hay concordancia con el material solicitado con respecto al nivel mínimo de conocimiento del personal, es decir, la capacitación se ve rebasada en cuanto a la atención promedio, por ejemplo, el TUM o TAMP básico, no debiera aplicar maniobras invasivas, sin embargo la aplicación de una vía intravenosa lo es y es parte de la atención mínima prehospitalaria.

Realizar el emplacamiento, no necesariamente eleva el nivel de atención que es lo que se buscaba en un inicio.