Carlos Ramos Padilla

No es la primera ocasión en que intentan ir contra la propiedad privada. Primero se ingeniaron para hablar de la plusvalía. Los excedentes del sobrevalor de una propiedad pasarían directo al gobierno. Ahí quedó por el momento la iniciativa, está congelada, no desechada.

Ahora se habla de invasiones y de proteger a los inquilinos aunque no paguen la renta. Les sugieren incluso ampararse. Son disposiciones retrógradas a toda luz. Y como lo he afirmado, el Presidente de este país nos ve a todos igual y propone que sin distinción seamos pobres.

Aquí no se premia al éxito, no se recompensa al talento, no se promueve al emprendedor. Por el contrario, se cancela a la educación, se castiga a los contribuyentes, se regala dinero a los que no estudian (ojo) ni trabajan aún cuando el gobierno es el que les cancela la oportunidad de acudir a las aulas y con esto de la austeridad da un duro golpe a quienes pretenden ser empleados.

Más aún, a los que gozan de un trabajo se les despide, aunque el Presidente diga que tiene otros datos. La verdad es que da la impresión de que es un funcionario poco informado y persistente en imponer su voluntad. Ahí están los reclamos del sector médico en donde no hay presupuesto para medicamentos y el personal especializado que queda reciben salarios injustos.

Recordemos que, dijeron por un error de dedo, se intento incluso cancelar la autonomía a las universidades. Ya el banco de México volvió a recortar los pronósticos de crecimiento del país y el sector inmobiliario se muestra paralizado por tanta disposición torpe.

El Presidente en lugar de preocuparse por exhibir listas de empresas relacionadas con la presidencia en el sexenio anterior y que no muestran ningún acto irregular, tendría que estar pensando en programas y proyectos serios de desarrollo. Defender, he dicho, a las instituciones y consolidarlas, incluyendo al Ejército Mexicano.

No es posible que la sociedad espera en con reto una posición firma, decidida y contundente acerca del freno a la violencia para escuchar al Jefe del Estado Mexicano pedir que nos portemos bien y seguir la ruta que marca su dedito. Y no se trata de explicar si el mexicano, como raza, tiene 10 mil o 10 millones de años porque está confusión nos deja como conclusión que los ceros y números se pierden cuando se habla de presupuestos en la administración pública.

Por cierto no es necesario explicarle a Trump que hizo Juárez como para enfrentar la guerra comercial entre las dos naciones. Este viernes partirán a Washington negociadores mexicanos para tratar el tema. Esperemos lleven cifras concretas, no antropológicas sino económicas.

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