Carlos Ramos Padilla

Hemos advertido que el principal opositor a la administración “hostil” de AMLO se llama Joe Biden. Las razones ya las conocemos. Pero mientras en México nos vamos todos los días con distractores que cambian constantemente la agenda de los debates, allá toman nota de las pifias recurrentes.

Biden al señalar que va contra los hijos de Joaquín Guzmán está mandando una señal muy directa ante la irresponsabilidad del nacido en Macuspana. Con la ley y la delincuencia no se juega como tampoco engañando a la ciudadanía.

Y esta decisión de la Casa Blanca debe ser leída con mucha atención por aquellos que en su biografía presentan laberintos y enredos muy oscuros vinculados a los criminales y a las mafias que han operado e intervenido hasta en jornadas electorales.

Son varios los “colados” en la nómina de las altas esferas del gobierno que no pueden viajar a Estados Unidos bajo la advertencia de ser detenidos por sus ilícitas actividades. Entre estos, por supuesto, algunos capos que como dijo el presidente mientras estén en México fuerzas extranjeras no pueden intervenir.

Sabemos que para llegar a los personajes más encumbrados de la mafia (como la mamá del Chapo) se deben tener mutuamente acuerdos, negociaciones, amenazas, información, negocios, protección y hasta proyectos.

No es casual que el presidente de una nación se encuentre así a la deriva en medio de un camino sinuoso, polvoriento, en medio de la sierra a la progenitora de uno de los delincuentes más peligrosos y le diga “ya recibí tu carta “.

Puedo imaginar cuantos anillos de seguridad (sicarios) tuvo que pasar la comitiva de AMLO y el entonces gobernador Quirino Ordaz para estrechar la mano de la anciana y por el contrario, a cuantos miembros de la Guardia Nacional y del Ejército tuvieron que saltar para el famoso encuentro.

Los sistemas de seguridad e inteligencia de Estados Unidos mantienen abiertos estos archivos (el saludo presidencial a la mamá de Chapo y la liberación de Ovidio en el Culiacanazo), entre otros. Allá observan y califican como a un delincuente confeso como Emilio Lozoya se le busca en el mundo, se le localiza, se le deporta, se le recibe con “anemia” pero se le permite (porque no es ilegal sino inmoral) asistir cínicamente a un comedero caro y de lujo.

Solo así, por el escándalo mediático, se le llevó tras las rejas mientras el fiscal de la nación (también perseguido por presuntas violaciones a la ley, vaya ironía) se enfrasca en pleito subterráneo con Santiago Nieto a razón de una extraña, rara, sospechosa y carísima boda que sacude a la 4T.

Biden ha sido intencionalmente directo al decirle al mundo que el gobierno de AMLO está equivocado y que sus arrebatos atentan contra la Constitución Mexicana, pero coloca en riesgo a la zona norteamericana del continente. Y mire que la industria del rifle aún no le acomoda un estate quieto a Ebrard y al propio AMLO con una demanda que según los académicos desde su configuración está débil y trunca.

Si en México no caen los capos que han participado en el apoyo a instancias gubernamentales a razón de dominar amplias zonas del país, Biden no permitirá que su vecino del sur se convierta en una cueva tolerada de rufianes con propósitos de intervenir en la seguridad de los estadounidenses.

Sin un acto presencial Biden se metió hasta en las mañaneras para dejar en claro que ante actos de verdadera envergadura AMLO solo balbucea y recurre a sus ya cansados argumentos de regalar a los matones a través de sus abuelitas.