Con el sol en el cenit, el Palacio de Bellas Artes cobija, cálida y amorosamente, al incansable maestro Gilberto Aceves Navarro (1931-2019), cuyos restos mortales arribaron al máximo recinto dispuesto para la promoción, lucimiento y esplendor del quehacer artístico.
Desde las 12:00 horas se rinde un homenaje al pintor, dibujante, grabador y escultor. Muchos familiares, algunos funcionarios públicos, contados compañeros de oficio y uno que otro alumno están en la pompa fúnebre; a la puerta del Palacio, una carroza, lúgubre y enorme.
El coro interpretó la Selección de Oficio de Difuntos, de Tomás Luis de Victoria. Desde los primeros acordes el féretro es mirado con cariño por los presentes. Flores blancas dan aroma a la escena.
Su amigo y compañero de lides artística, Luis Rius Caso, ofrece para los asistentes una semblanza del malogrado artista; Luis Ignacio Sáinz Chávez hace evocaciones y comentarios sobre la vida y obra del homenajeado, y el también artista plástico Gabriel Macotela se limita a agradecerle su obra.
Hay coincidencias entre los oradores: la exposición retrospectiva que Gilberto Aceves Navarro tuvo en el Palacio de Bellas Artes en 2008 fue por muchas razones excepcional. Como artista, trasciende en la memoria colectiva e individual; fue un clásico en vida, un tesoro viviente, y en presente histórico es un fabulador visual único.
Fuente: Notimex















