Aleinad Mina

Para el autor francés Gaston Bachelard, la imagen intelectual es el don de la literatura, con una inmensa fuerza enraizada en los arquetipos del inconsciente y que surge del onirismo particular de cada poeta. La poesía es palabra viva que renueva el alma mediante un flujo continuo que encuentra en la imaginación su raíz transformadora.

Una imagen literaria es un movimiento que fluye del poema hasta nuestros estados interiores y nos libera una imagen cultivada, renovada, particular. Por ello cada imagen constela un universo; cada elemento interno que se imprime en la imagen trae consigo la sombra del paisaje completo que le constituye, es decir, su interioridad. En este sentido, la imaginación es un constante esparcimiento del ser y la imagen literaria un ecosistema literario que actúa inherente a cada autosistema propio del ser humano.

Bachelard concibe a la poesía como una polifonía que se despliega en tres ámbitos distintos, los cuales están estrechamente vinculados: el mundo, el poeta y la imagen poética. La poesía es vitalidad y movimiento, que se crea en silencio. El poeta que se entrega al fenómeno del silencio atiende sus voces internas, cada una le arroja un elemento de sí mismo. Lo libera de la memoria, de la escasez que puede traer el recuerdo de lo aprendido. El alma del poeta tiene una continuidad inherente al poema, es extensión de sí, dicha voz se sublima en una palabra que relata sus formas internas. Este filósofo apunta que el poema es un “bello objeto temporal que crea su propia medida”.

Más que una experiencia estética, el deleite literario es una metamorfosis de nuestro mundo interior, una experiencia de unidad y sentido en la que el poema se vuelve un acto continuo de interrelación. El poema es la comunicación del sueño con su significado, una red que enlaza mediante la imagen poética un onirismo consumado en palabra.

A propósito de los poemas, Bachelard menciona que “saborean la armonía de la página literaria en donde el pensamiento habla, la palabra piensa. Un universo de las frases se coloca en orden sobre la página en blanco, en una coherencia de imágenes que tiene leyes a menudo muy diversas pero que conserva siempre las grandes leyes de lo imaginario”.

El significado de la imagen literaria proviene del enriquecedor mundo onírico del poeta y manifiesta los estados interiores que la produjeron. Bachelard apunta “no se acaba nunca de soñar el poema, no se acaba nunca de pensarlo”.

Nuestra alma no es fija ni estática por esto el devenir imaginario le permite que asimile sus imágenes por medio de lo poético, así la imagen literaria cumple una función psicológica y se constituye como una fuente creativa inagotable. En su desbordamiento de sentidos, la imagen corresponde tanto con sus impresiones como con sus ensueños. La sensibilidad y el lenguaje acompañan esa resignificación cuya estela se traduce en un estilo literario.

Cada aforismo literario atiende a su propia ley de creatividad, la literatura es la construcción viva de las imágenes. El espíritu del hombre necesita comunicarse, y Bachelard asegura que “la literatura es la expresión de la consciencia, da fin a un deseo humano”.

La experiencia literaria es el encuentro de una vida de movimientos y quietudes, el poeta que dignifica el silencio encuentra en este sus propias tonalidades, las contempla y las esparce en la imagen misma que se cultiva permanentemente. Brotan nuevos sentidos, palabras, impresiones, ensoñaciones que se amalgaman bajo una ley que subyace y renace a una nueva versión de aquella imagen, en su metamorfosis la imagen se amplifica de significado. La filosofía de Gastón Bachelard es una pedagogía para aprender a soñar nuestras propias imágenes. Esto es posible con fomentar una disciplina lectora, una lectura atenta que nos permita sondear nuestro mundo interior y animarnos a darle vida a nuestros sueños con el ejercicio de la escritura.