Bernardo López
Como lo hemos comentado, se dará un vuelco sobre la clasificación del bióxido de carbono (CO2), que es considerado un “gas contaminante”, aunque esta sustancia ha sido fundamental para el desarrollo de la vida.
En 2007, los gases que provocaban el “efecto invernadero” fueron catalogados como contaminantes, con la aprobación de modificaciones al Acta sobre el Aire Limpio.
Sin embargo, en la segunda administración del presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, el CO2 ya no se considerará una amenaza para la salud, como parte de las acciones de la Agencia de Protección del Medio Ambiente.
La modificación en el significado comenzará con una serie de mesas de debate, que podría desencadenar batallas legales sobre si el gobierno estadounidense continuará normando las emisiones de gases de vehículos, generadoras de electricidad y las demás industrias.
La modificación a la clasificación del CO2 pone en duda todo el discurso sobre el calentamiento global y el desarrollo de las llamadas “energías verdes”, aunque es buena idea no tienen la capacidad para suplir a los combustibles fósiles.
Los estudios más recientes realizados en Estados Unidos muestran que el incremento de CO2 potencia la agricultura, pues permite a las plantas crecer con mayor rapidez, sin embargo, existe la posibilidad que las frutas y verduras puedan contener menos vitaminas y minerales, aunque se podría resarcir ese efecto con mejores fertilizantes.
El carbón también ha tomado una posición protagonista, pues ha logrado -junto al gas natural y la energía nuclear- soportar las altas demandas de energía eléctrica que se registraron en la mayoría de los Estados de Estados Unidos, pero sin provocar un incremento de los precios por megawatt.
La red MISO registró un incremento en el uso del carbón en 17 por ciento, en comparación con el año anterior, logrando cubrir la demanda de electricidad, para que se tuvieran encendidos los aires acondicionados, además que el mineral se posicionó mejor en el mercado de energéticos, pues el gas natural y las energías renovables registraron altos precios.
Entonces, la generación de energía eléctrica mediante combustibles fósiles y minerales seguirán dominando las políticas de la administración del presidente Trump -y del siglo-, pues se prevé que en ese país la demanda de energía crezca hasta 30 por ciento en 2030 y 80 por ciento para 2050.















