Claudia Luna Palencia 

Hacer periodismo en el siglo XXI ya es asunto de vida o de muerte, parece que en el tiempo se ha retrocedido setecientos años, cuando el conocimiento, la investigación, los descubrimientos y la sabiduría en general tenían el cerrojo de la censura en manos del peor oscurantismo medieval. 

En la última década, de acuerdo con datos proporcionados por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), un total de 888 profesionales de los medios de comunicación murieron por homicidio intencionado en el mundo como represalia por su trabajo informativo; eso implica, según dicho organismo, que “uno de cada cuatro días” durante ese lapso, un periodista fue asesinado. 

Y la irrupción de la pandemia tampoco ha contribuido a relajar los ánimos a favor de la libertad de expresión, en un momento crucial para el periodismo de investigación interesado en los orígenes del virus del SARS-CoV-2 que tantas suspicacias ha desatado a nivel global, para malestar de China, que ventila una versión “oficial” del origen del coronavirus. 

La Unesco lamenta que el año pasado, en el ámbito internacional, un total de 59 periodistas perdiesen la vida –casi todos acribillados a mansalva– y de los que cuatro eran mujeres; unos homicidios perpetrados sobre todo en América Latina y Asia Pacífico. 

“Fueron las regiones más letales para esos profesionales, con 22 informadores abatidos en cada una. Los países árabes sumaron nueve asesinatos y África seis; se trata de crímenes con gran impunidad y en el 87% de los casos no hubo ninguna consecuencia penal”, según el organismo adscrito a la ONU. 

La pandemia ha exacerbado la persecución contra los reporteros, camarógrafos, fotoperiodistas y otros informadores acribillados sobre todo dentro de sus propios países y en su mayoría en zonas no de guerra o de conflictos civiles. 

A COLACIÓN 

Desde la perspectiva de Audrey Azoulay, directora general de la Unesco, la pandemia ha sido “la tormenta perfecta” porque ha afectado a la libertad de prensa en todas partes. 

“Los embates impunes contra los comunicadores debilitan la libertad de prensa en una coyuntura histórica que hace particularmente importante la información veraz: en 2020, hemos sido testigos de la relevancia del periodismo para nuestras democracias y para la protección de los derechos humanos”, subrayó. 

Azoulay, quien fuese ministra de Cultura del presidente francés Francois Hollande, tampoco ha obviado que, dentro de los daños colaterales de la urgencia sanitaria, se ha suscitado una crisis económica que ha llegado a amenazar la supervivencia de los medios de comunicación, haciendo además de más riesgoso el trabajo de los periodistas, también más vulnerable y precario. 

“Hay que defender la información como un bien público. Proteger el periodismo es proteger la verdad; muchos periodistas han sido penalizados por denunciar fallas en la gestión de la crisis sanitaria por parte de las autoridades… estas condiciones hacen temer que la profesión periodística desaparezca”, destacó. 

Cabe mencionar que el año pasado no sólo se incrementaron los asesinatos contra los periodistas, también las detenciones, los encarcelamientos, la privación de la libertad, así como las amenazas, los acosos y despidos forzados para acallar su trabajo. 

Parece que se está experimentando un peligroso ciclo retrógrada cultivado desde hace tiempo atrás: el año 2000 ha sido un parteaguas con los atentados del 11 de septiembre de 2001 y con otra serie de guerras en Medio Oriente; durante varios años se han dado fallecimientos de periodistas en zonas de guerra o bien secuestros por parte de grupos armados especialmente difícil fue 2003.