Las leyes son semejantes a las telas de araña;  

detienen a lo débil y ligero y son deshechas por lo fuerte y poderoso. 

Solón de Atenas 

Víctor Sánchez Baños 

El desprecio a las clases medidas llega a extremos de buscar por cualquier motivo su empobrecimiento. 

Desde el gobierno, con las empresas “productivas”, como la Comisión Federal de Electricidad, que encabeza Manuel Bartlett, instrumentan una estrategia, un complot, para ahorcar a las familias clasemedieras mediante el cobro de tarifas exageradas y aberrantes. 

Sus cobros son fuera de toda proporción y no hay salida, ya que es luchar contra un monopolio que proporciona un servicio que debería ser considerado un derecho humano: el derecho a la energía. 

Las tarifas eléctricas domésticas de Alto Consumo, llamadas DAC, para la Ciudad de México y el Estado de México subieron hasta el 21%, para este mes de agosto con relación al mismo mes del año pasado. 

Bajo el cuento que una familia utiliza mayor cantidad de energía eléctrica y por ello debe castigarse con mayor costo, se castiga a la población de las colonias consideradas residenciales en esas regiones. 

Luego, justifican dichos incrementos al aumento en los precios del gas natural con lo que la CFE tiene que trabajar sus termoeléctricas como la de Tula, de donde ser envía electricidad a la megalópolis. 

Discutir con empleados de la CFE es materialmente exigirle justicia a una piedra. Ellos, a pesar que les demuestras que el cobro en el recibo correspondiente no está en línea con lo que establece el contrato de adhesión con el monopolio gubernamental, dicen que debe pagarse el recibo o se corta la energía. 

Dentro de la categoría DAC, cada kilowatt, cuesta 5 pesos con 50 centavos, con un incremento anual del 21%; una salvajada que se convierte en un detonante inflacionario, que ficticiamente lo mantienen bajo. 

Pero, las tarifas DAC no solo son en energía eléctrica. 

En los municipios gobernados por Morena, el costo del agua lo han catalogado en esas escalas y la tarifa DAC se lo imponen a las zonas residenciales, aunque las casas estén vacías. 

El abuso cotidiano es salvaje para una economía de familias que su único pecado es querer vivir mejor cada día; tener otro par de zapatos, otras camisas, mejor alimentación (con carne y proteína) todos los días. 

Hay que castigar a las clases medidas para empobrecerlas y tenerlas dependiendo del gobierno paternalista. 

Triste historia de un país en el que se castiga el esfuerzo y el éxito. 

Escúchame de lunes a viernes, de 21 a 22 horas, en “Víctor Sánchez Baños en MVS” 

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