Francisco Rodríguez  

Al gobierno de la Cuarta Transformación se le han desbordado los problemas que lo han llevado a una situación de crisis de dimensiones jamás imaginadas. 

Sumido el país en un verdadero trance por la pandemia de la Covid-19 –que se acrecentó por la ineficaz estrategia para enfrentarla a manos del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell– el gobierno del supuesto cambio, ahora trastabilla también con la rebelión de distribuidores de gas que golpea la economía de millones de hogares, corriendo el riesgo de paralizar al país. 

Por si ello fuera poco, habrá que sumar la grave situación de millones de enfermos, principalmente de niñas y niños de México, por el desabasto de medicamentos, resultado de una deficiente política de administración y salud pública que, como ya sabemos, recae en la figura de Raquel Buenrostro Sánchez, quien, tras su paso por la Secretaría de Hacienda, primero como oficial mayor y hoy al frente del Servicio de Administración Tributaria (SAT), dispuso que todas las compras del gobierno las realizara esta entidad, siendo hoy el resultado, una profunda crisis de salud, con miles de muertes que han dejado en el descrédito total al gobierno de la 4T.  

Y es que, de acuerdo con estimaciones de organizaciones de padres con niños con cáncer, en nuestro país son más de 20 mil pequeños quienes padecen la enfermedad; de los cuales en los últimos dos años han fallecido al menos 1 mil 500 por la falta de medicamentos fundamentales para su tratamiento.  

No cabe duda de que Buenrostro Sánchez ha convertido a la entidad en un verdadero galimatías administrativo, que brilla por su ineficiente operación para gestionar adquisiciones al centralizar la compra de medicinas que amparan la vida de millones de mexicanos.  

Sin duda alguna, se trata de un tema de insensibilidad mayúscula, más tratándose de la vida de personas, en especial de los niños de México, y que debiera ser un caso obligado para llevarse ante tribunales, por el sólo hecho de bloquear el abastecimiento de medicinas en los hospitales públicos del país, y todo por los afanes protagonistas, de control y poder que son el sello de Buenrostro Sánchez ¿no cree usted?  

¡Qué fácil es engatusar a AMLO!  

Cada vez son más las voces que condenan la actuación de la titular de Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde, descarado títere de las ambiciones y rejuegos de su padre, el abogado “patronal” Arturo Alcalde Justiniani.  

Una muestra más de lo engañado que vive el presidente López Obrador quien a cada rato –acaba de hacerlo– reitera confianza a su colaboradora.  

Alcalde Justiniani, se ha convertido en el factótum del sindicalismo, gracias a una misteriosa cercanía con AMLO… pero, lamentablemente, ha sido en contra del sindicalismo.  

Y es que su origen en gremios cristianos lo acerca más a los postulados y exigencias de la Coparmex que a los de Ricardo Flores Magón.  

Una prueba reciente: la posición que Alcalde y su puppet Luisa María adoptaron en defensa de los intereses de Grupo México y de su propietario Germán Larrea Mota Velasco quien ha venido peleando 55 millones de dólares que, por un acuerdo con Carlos Salinas de Gortari a raíz de la venta de Mexicana de Cananea, tenía obligación de entregar al Sindicato Minero encabezado por el ahora senador Napoleón Gómez Urrutia.  

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