La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo.
Montesquieu
Víctor Sánchez Baños
No fue por su excesivo activismo en favor de Morena durante el proceso electoral ni por el uso político de la vacunación con un exceso de exposición de personajes que nada tienen que hacer en los procesos de inoculación contra el Covid-19. Ni mucho menos por el despilfarro de recursos en miles de promotores políticos, con bandera social, que no tenían control presupuestal, ni mucho menos administrativo.
Gabriel García Hernández, coordinador general de los Programas para el Desarrollo, comandante en jefe de los grupos “Correcaminos” y “Servidores de la Nación”, fue despedido por el presidente Andrés Manuel López Obrador por disminuir el proceso de vacunación contra el Covid-19, lo que le han reclamado al gobierno de la Cuarta Transformación.
La vacunación a la baja y los contagios al alza. El responsable era Gabriel, quien tiene muchos pecados en el clóset.
Tanto los Correcaminos como los Servidores se convirtieron en un lastre cuasi policíaco de abusos contra la población, sin importar simpatías electorales o partidistas. Una lacra social, que durante las campañas de vacunación se convirtieron en los que violaban la ley electoral con total impunidad.
En todos lados ellos tomaban fotografías a las personas que vacunaban, así como a las credenciales de elector. Por si fuera poco, terminaban con loas al presidente de la República, así como a la Cuarta Transformación y, evidentemente, a Morena.
Esto, aunado a que los abusos de los llamados súper delegados o delegados de Bienestar en los Estados, se convirtieron en el semillero de gobernadores, pero, sobre todo, esos personajes tenían la cartera abierta para usar miles de millones de pesos en favor de la “imagen” del Gobierno Federal.
García Hernández, fue tolerante con todos ellos. Algunos hacían profesionalmente su trabajo, incluso con perfiles bajos a fin de no violar la ley. Otros se convirtieron en las piezas fundamentales para impulsar las actividades proselitistas en favor de la actual administración.
Se convertían en el ejército de “reyes magos”, que repartían dinero a diestra y siniestra, pero se quedaron con mucho de ese dinero que tenían que repartir. En los Superdelegados, debería investigarse el alto grado de robos de dinero del erario.
Ellos manejan los padrones de beneficiarios de los programas sociales que representan cientos de miles de millones de pesos. En esos padrones hay desde personas que no han recibido el dinero, fallecidos y hasta criminales organizados.
Pero, lo más importante, es su actividad política. Había gobernadores que los odiaban, pero les temían. Eran más importantes que los Ejecutivos Estatales, quienes tenían la cartera cerrada para apoyos a campesinos y grupos vulnerables.
Esos “santos reyes”, repartían una parte y se quedaban con otra. No hay un escrupuloso escrutinio de lo que manejaron esos personajes.
Al final de cuentas, no dará cuenta de nada Gabriel García y lo regresan a su escaño en el Senado de la República. Y tan, tan.
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