No puede haber gracia donde no hay discreción.  

Miguel de Cervantes 

Víctor Sánchez Baños 

La polémica persigue al secretario de Comunicaciones, Jorge Arganis. Hace unas semanas apareció en los Pandora Papers, en los que se aprecia a un funcionario público que evadió, presuntamente, al fisco mexicano.  

Pero déjame, estimado lector, platicarte de Arganis.  

Su compañero de correrías, desde 1997, es Edgar Tungüí Rodríguez, a quien lo impulsa en posiciones donde hay poder y dinero. En aquel entonces lo colocó, en la planta de asfalto del Gobierno del DF, para después en el 2000 catapultarlo a la secretaría de Obras, del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, a su paso por el Gobierno del Distrito Federal.  

Tungüí, impulsado por el influyente personaje de la Cuarta Transformación, Jorge Arganis, finalmente lo dejó enquistado en gobiernos de Marcelo Ebrard y Miguel Mancera, en el ramo de Obras Públicas.  

En la carrera de peripecias, este empleado público (que ha amasado fortunas incalculables), Arganis, ligado a Ingenieros Civiles Asociados, ICA, metió la mano en el Metro de la Ciudad de México.  

Las miradas sobre el accidente de la Línea 12 del Metro, donde no aparecen figuras de la actual administración como Florencia Serranía, se fijan en Enrique Horcasitas Manjarrez, quien se convierte en una figura clave para entender la degradación del Sistema de Transporte Colectivo, Metro, hasta el desplome de una trabe en Tláhuac hace unos meses, donde murieron 26 personas.  

Al husmear un poco, nos encontramos que Horcasitas asignó un contrato por 17 mil millones de pesos a ICA, donde el hermano del secretario de Comunicaciones, Luis, era vicepresidente del feudo de Bernardo Quintana, y en donde el propio Enrique trabajó por casi veinte años en el área de Construcción Civil. La recomendación de Arganis, para imponer a Horcasitas como director de obras, es definitiva.  

Esta historia de ingratitud, continúa en el 2005, cuando era director general de Obras en el GDF.  

Arganis, dijo a algunos de sus allegados, su esposa sufría de cáncer. En ese entonces se mencionó que acudió ante el jefe de Gobierno, quien le entregó 600 mil pesos en fajos de billetes. Esto dicho por el ahora titular de SCT, para que la atendiera.  

El ahora secretario de Comunicaciones, no tiene el menor recato de guardar un apoyo que salió de corazón, del que ahora es su jefe. Bien diría Sir Francis Bacon en el siglo XVI: “la discreción es una virtud, son la cual dejan otras de serlo”. 

Y, Arganis tiene de todo, menos el ser discreto. Clama a los 4 puntos cardinales que el pone e impone a muchos colaboradores en empresas constructoras y en el gobierno de la Cuarta Transformación. 

Esto lo convierte en un personaje vulnerable y que vulnera a quien lo apoya y ayuda; el presidente López Obrador. 

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