Miguel Ángel López Farías

Así, en diminutivo, achicando a quien ya venía chiquito, babosito…no se si exista manera más cruda de insulto que llamarle a un presunto adulto por su nombre en diminuto, «Samuelito», un niño berrinchudo con credencial de elector, que por razones de la subnormalidad social llega a ser gobernador de Nuevo León.

El calificativo se lo coloca Marko Cortés, dirígete del PAN, quien tampoco es un gigante de la política, pero que no se equivoca al señalar a Samuel García como lo que es, un eunuco que tiene hecho un desmadre a Nuevo León. Y si, al junior de MC se le acabó la fiesta del fosfo fosfo y una vez pasada la cruda, los demonios de la realidad le han regresado las pesadillas de el crimen (decenas de cuerpos regados, narcobloqueos y esas linduras sangrientas que ya no se veían en suelo regio), así como la crisis hídrica que golpea, como siempre, a las zonas conurbadas de Monterrey, los más jodidos y sedientos, a pagar por andar llevando a el poder a tiktokeros como Samuelito.

Y mire que Alito no se quedó atrás en el reclamo, tiene razón el del PRI en exigir a Samuelito de que le pare a su guerra en contra de los diputados del congreso local y regidores del tricolor, los azules y amarillos, pues al reyezuelo le dio por no atender los verdaderos problemas del estado y abrir fuego en contra de sus adversarios.

Todo esto mientras, con la boca babeante, esos ojitos de ratita drogada y quijada que lo retrata con un incontenible complejo de superioridad, Samuelito suspira con ser presidente de México, digo, está bien que abundan los imbéciles, pero le firmó de que NO van a votar por este güerito inmamable…digo, hay niveles, no es para tanto.

Bueno, hasta el bronco, Jaime Rodríguez Calderón, se asoma como un estadista que en su momento lanzaba tontería y media, pero no llevo a su estado a los niveles en que hoy tienen hundido el pequeño Samuelito.

Alito, reitero, tiene total razón en describirlo así: “perdió los estribos, perdió la razón. Un inteligente con poder se marea, pero un tonto se vuelve muy penitente y este de aquí lo ha demostrado y por mucho”.

Samuelito es una anomalía política, un niño malcriado que por su dinero llegó, primero al senado y después, por la fuerza de las redes sociales y de la enorme habilidad de su esposa, a ser gobernador de Nuevo León… hoy, ese estado, con todo y la fama de ser trabajadores, reciben en carne propia el haber decidido ir a las urnas pensando que era un meme, que Samuelito no les haría mayor daño.

O que ¿creyeron que votar por un influencer y su señora no tendría consecuencias? Aguas, la idiotez sale muy cara.