Miguel Ángel López Farías

Refresquemos la memoria, en el Picotazo del miércoles 9 de junio advertí que “alguien se había encargado de calentarle el oído a el presidente” con eso de que la culpa de la derrota en la CDMX venía de la mano de Ricardo Monreal, hoy sabemos que uno de esas voces fue la de Sheinbaum.

El mandatario, hombre astuto, pero hipersensible a las sombras de la traición, “compró” la versión y levantó las cejas hacia el de Zacatecas, desviándose de la verdad única, que la CDMX le dio la espalda a Morena debido a que un grueso de la clase media castigó ni siquiera a Claudia, sino al presidente mismo, pero los ofuscados rara vez escuchan, los ofuscados solo oyen lo que quieren oír.

En otro momento, vía Twitter, lance un texto señalando que había sido un error enviar a Olga Sanchez Cordero a negociar con los senadores para alcanzar un período extraordinario y destrabar lo de la revocación de mandato, Doña Olga fracasa al ignorar al senador Monreal, hacerlo a un lado, en la cámara alta opera Ricardo Monreal, no como un virrey sino como un gestor sumamente hábil y que ha venido generando contrapesos de corte republicano y no como lo que ha sucedido con la Cámara de Diputados, la fracción de Morena y sus apéndices, una cofradía de la ignominia.

Para algunos analistas sorprende el que Monreal se encuentre en una línea de mayor independencia frente al ejecutivo, ignorando que desde Palacio se ha empleado el fuego amigo para desvirtuar el crecimiento del senador Monreal, se equivocan al querer “castigarlo”.

Monreal conoce bien a Andrés Manuel, le ha sido leal, pero Obrador no.

Pero los desaires presidenciales, contrario a lo que hubiese ocurrido en otras épocas, están elevando la figura de Monreal convirtiéndose en un serio jugador hacia la presidencia, con mayores aires de autonomía, escenarios que no desaprovecha el Senador, pues posee uno de los instintos políticos más agudos que se hayan visto, habilidades que lo colocan por encima de todos los aspirantes a la silla…

Y ese es el temor del mandatario, que Monreal no es Claudia, sino alguien que posee sombra propia.