Miguel Ángel López Farías

Para tener un parámetro sobre qué nos preocupa en México, basta con cotejar las reacciones sobre la muerte de dos personajes, Mario Molina, premio Nobel de Química, estudio en la UNAM, a quien la humanidad le debe conocer más sobre el efecto invernadero y el daño en la capa de ozono y cómo reducirlo, el científico de sangre veracruzana pierde la vida por Covid-19 en octubre del 2020….

¿Sabía usted que se murió? El otro, Vicente Fernández, obvio recordar todas las horas que se dedicaron a su funeral… cantante de música ranchera tan conocido que, si preguntamos en la calle sobre él, de cien personas, cien sabrán de quien le hablamos.

Este rudimentario ejercicio explica el por qué, en un plano mucho más amplio, México tiende más hacia la medianía que a la supremacía, y no es con ánimo de ofensa para nadie, es, sencillamente el reflejo de lo que nos aplasta como nación, en donde, lamentablemente una gran mayoría se niegan a la información o al conocimiento…

Vamos creciendo ignorantes en muchos aspectos, especímenes semejantes del sonambulismo, dormidera y finalmente, mansedumbre.

Y su mayor expresión la encontramos en la política, esa desgastada arena en donde se toman decisiones a nombre de todos.

Lo que diré es digno de un tratado entero para la psicología colectiva: los mexicanos prefieren a un mentiroso que, a un estadista, no diré nombres, pero resulta notorio saber de qué se trata. 

Recuerda a Ricardo Anaya explicar en campaña un conjunto de ideas para trazar una ruta para el país, hoy, la mayoría de sus advertencias se han cumplido y el mundo se mueve hacia rutas totalmente diferentes a las que en México se empujan… mientras las naciones de primer orden avanzan, nosotros retrocedemos 20 o 30 años.

Hoy, una de las figuras que mejor dibuja a un México mucho muy diferente al que estamos respirando, es Enrique de la Madrid, quien lleva un par de años explicando como romper con la maldición de este tercermundismo patógeno, la zona muerta en el corazón del país, en la cual se asientan todas nuestras desgracias.

Para los que hemos tenido oportunidad de entrevistarlo nos encontramos con una mente muy clara e ideas prácticas que de ser “enchufadas” a la gran fuerza laboral y creativa de los mexicanos, podríamos comenzar a contar otra historia… no hay campo que no conozca Enrique de la Madrid y sus posibles soluciones, pero aquí entra esa especie de desazón que al principio de este comentario manifestaba.

¿Estamos listos para cambiar ese “chip” conductual del “ser mexicano “, por uno que entienda que el futuro se construye desde la disciplina, el trabajo organizado, la búsqueda de la competitividad como primera bandera y una estricta vigilancia del estado de derecho para que los corruptos y los narcos no sean el “cuerpo intocable” de ningún sexenio, tal y como ahora lo padecemos?

A los mexicanos, a muchos, por fuerza de los golpes y de la constante decepción con la clase política, nos cuesta creer que, por la vía, precisamente de la política, se puedan encontrar las soluciones, pero es así… claro que nos llevaría mucho tiempo explicar los cómo, pero la oportunidad de comenzar a escuchar esas voces que proponen escenarios nada descabellados es ahora y bien harían todas y todos aquellos que desean ocupar la silla en llevar a la mesa, el menú que proponen a el pueblo.

La pantalla nacional nos tiene embobados en grillas y bajezas, en políticos -milagro y en una ruin búsqueda por enfrentar a mexicanos contra mexicanos, mientras el tiempo se nos escurre, los sexenios nos condenan y la oportunidad de darles un futuro distinto a nuestros hijos e hijas, sencillamente se escurre por el retrete. 

Lo que no hagamos ahora es imperdonable.