Miguel Ángel López Farías

Muchos mexicanos aún no habían nacido, 1994 fue un año de terror, magnicidios, fuga de capitales, terremoto económico y un movimiento armado que brotó en Chiapas para tasar el antes y después en una etapa repleta de convulsiones…

El EZLN y sus muchas balas, barnizadas de otro tipo de guerra, la epistolar, las cartas del sub Marcos y el enganche de una sociedad que romanceo con la guerrilla… pero lo que se creía apagado se vuelve a encender, Chiapas y sus Altos regresan en plan protagónico con nuevos ingredientes: un grupo de autodefensas que abren la puerta para gritarle a el sistema político local y nacional que la dignidad no ha muerto.

“Los machetes”, el nuevo membrete en un municipio que ya es tendencia PANTELHO, este grupo de indígenas tzotziles y tzeltales quienes muy armados dicen “ya basta” a la desbordante violencia, ataques a elementos federales, la creciente presencia del CJNG, el robo de vehículos y tierras, extorsiones muerte y todas esas familias desplazadas, niños, jóvenes, mujeres abandonando sus hogares.

La ficha es esta: Pantelho es solo una más de las regiones de los Altos de Chiapas que se encuentran en eterna disputa entre grupos caciquiles, políticos entrelazados con narcos, amos de vidas y presupuestos, se alimentan de la siembra de marihuana y así como de los presupuestos de los municipios.

Los hechos de sangre en los Altos sólo son la gota que derrama el vaso y exhibe la parálisis de las autoridades locales, un reflejo de lo que ocurre en otras partes de México.

La Secretaría de Seguridad ciudadana federal, Rosa Icela Rodríguez Velázquez tiene una dura tarea en la región, se le reconoce por su alta eficiencia. Un estado como el de Chiapas, un verdadero barril de pólvora, requerirá de una mayor concentración y esfuerzo, el gobernador Rutilio Escandón ha dejado correr este tipo de sucesos los cuales ya le rebasaron, tal y como le sucedió a sus antecesores, pero ahora le toca a el gobierno federal romper con los lazos de complicidades. 

Chiapas es un diagnóstico palpable, de viejas heridas, supurante de añejas deudas, un viejo enfermo que no puede ser tratado con los remedios de siempre. Ojalá se entienda eso, antes de que sea demasiado tarde.