Miguel Ángel López Farías

La presidenta Claudia Sheinbaum no se equivoca, los delitos de extorsión dañan severamente a las y los mexicanos… y el que posea rumbo y propuesta de ley para que deje de ser una bandera discursiva es sumamente positivo. Claro, lo anunciado el domingo e impulsado ayer en la mañanera deberá acudir a la aduana legislativa para que vea la luz dicha propuesta.

Castigar de manera severa a quien extorsione es lo menos que un maldito abusivo merece , solo que más allá de pensar en los idiotas que desde un teléfono celular en alguna de las prisiones de México nos hablen para sacarnos datos bancarios o pedir pagos por derecho de piso a nombre de algún cartel, se deberá fraguar algo mucho más realista y efectivo en contra de los criminales que de frente van y piden dinero por derecho de piso tal y como sucede con ganaderos, agricultores de aguacate o limón o la bola de cachamotos con mariconera van regenteando a los locatarios de tianguis o negocios de algún barrio.

Estas células de cobro operan sin lugar a dudas bajo el amparo de no pocos policías locales, quienes juegan bajo las reglas de la corrupción y hace imposible que una víctima pueda soñar con que se le hará justicia… ¿cuántos casos existen en donde alguien que resultó extorsionado acude al municipal, pone su denuncia y al poco rato es levantado y asesinado por el “pitazo” de quien debería haberle protegido?

El delito de extorsión es un pozo enorme y sin fondo , impune en la medida en que los grupos criminales se hicieron del control de tantísimas plazas municipales o estatales, ahí está el reto, que en la maqueta de la presidenta se encuentren las esclusas para un trabajo real de inteligencia y de respuestas inmediatas para ir cercando y capturando a dichos cobradores de piso o extorsionadores telefónicos, al mencionar TRABAJO DE INTELIGENCIA es vital no lloriquear con fantasmas de que “nos espiaran“ ¡ayyyyy nooooo!, ¡me van a robar mis datos personales y biométricos!

Y estribillos de esa naturaleza que lo que hace es imposibilitar el verdadero trabajo de una secretaria de seguridad ciudadana federal para perder llegar hasta los modernos secuestradores de nuestra tranquilidad.

Los delitos de extorsión y cobro de piso son uno de los mayores tumores que ha crecido en el centro del pecho de los buenos mexicanos, para arrancarse es vital medidas extremas por parte del estado, que lo propuesto por la mandataria no sea detenido por el falso discurso de la privacidad o el respeto a los derechos humanos de tantísimas ratas con el grito de “mi gente, ya se la saben” o “te tenemos bien checado” van pudriendo la vida de los demás.

Un mexicano productivo no debe pasar por el infierno de entregar su patrimonio a un extorsionador ni tampoco convertirse en doble victima si por desgracia cae en las manos de una policía embarrada con los criminales, a ambos se les debería cortar la mano como pedía aquel “bronco” en campaña, pero mínimo, ser recluidos de por vida y sin ningún tipo de comunicación.