Miguel Ángel López Farías 

El grupo plural en el Senado compuesto por Germán Martinez, Emilio Álvarez Icaza, Nancy de la Sierra, Alejandra Gastélum, Gustavo Madero recogió el guante lanzado por el presidente en la sede de la ONU, en NY, un guion que el mandatario expresó fiel a su pintoresca figura.

Los del senado le dicen que “el plan de redistribución del ingreso mundial, que presentó en la ONU, cuenta con nosotros por si usted quiere comenzar por casa”. Una esgrima elegante que nos recuerda aquello de que no es lo mismo “ser borracho que cantinero”.

Aunque la propuesta de López Obrador no es en lo absoluto recházale (digo, quien demonios estaría en contra de que se combata a la pobreza y que se fijen nuevas reglas en la distribución de la riqueza en el mundo), solo que en el planeta lópezobradorismo se hace exactamente lo contrario, los pobres se multiplican y el dichoso combate a la corrupción es un juego de dados cagados, en donde la casa no pierde, pierden los enemigos de la 4T, para los amigos  y familiares se aplica la bendita mano protectora del jefe de la tribu.

Claro está que el modelo liberal del comercio ha generado un olimpo exclusivo para un puñado de familias que poseen todas las riquezas inimaginables y que, de ninguna manera, repito, de ninguna manera van a meter la mano a su bolsillo para repartir sus fortunas, eso no ocurre, y el dichoso modelo económico es una pirámide en la que el resto de la humanidad se reparte entre una gigantesca base de pobres y una clase media que lucha por llegar a la punta de ese equilátero…

¿Cómo se combate esa desigualdad? Con la creación permanente de más y mejores oportunidades para todos, se de verdad quieres hacer algo, pues reinventas el modelo educativo, uno que no sea una fábrica de empleados u obreros, potencias tus fortalezas naturales, te haces autosuficiente en alimentos y energía, te purgas de la corrupción comenzando por arrancarla de tu entorno más cercano, dejas de tratar a los pobres como animalitos de granja y retiras las dádivas para dotarles de herramientas que los muevan hacia la competencia, vamos, los preparas para hacerlos productivos y no como una masa deforme que alimentas con limosnas para emplearlos cómo soldaditos electorales…

Las potencias deberían apoyar a los países más necesitados, ¡claro! Pero resulta que la mayoría de esas naciones subdesarrolladas son lideradas por especímenes populistas, sumamente corruptos y opacos, interesados en no abandonar el poder mientras sostienen a sus pueblos por el cuello… así que no hay mucho que añadir a la posición (más de corte anecdótico) del mandatario en Naciones Unidas, el no engaña a nadie, ni sorprende, es su naturaleza, solo que aquí, dentro de las cuatro paredes mexicanas pues no queda más que mover la cabeza mientras decimos “la volviste a hacer Andres Manuel“.