Miguel Ángel López Farías

El consejero jurídico de la presidencia Julio Scherer y el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero colocaron una serie de iniciativas de reformas a la constitución y a diversas leyes secundarias que no llegaron al Senado, pero parece que lo que harán trae consigo la naturaleza de cumplir con aquel viejo precepto de «justicia pronta y expedita» y claro que al deslizar la lectura de la letra chiquita en un planeta en donde el sistema de justicia mexicano es semejante a una jungla, y el poder de la corrupción y sus beneficiarios las reacciones esperables son de una desconfianza sumamente entendible,

De ahí que no creo que dichas propuestas hayan sido une «filtración», más bien puedo apreciar el interés de sus autores en abrir debate sobre la función del Poder Judicial, la sujeción a manos del Senado de la República, el cual se convertiría en padre y tutor de un nuevo mecanismo en donde nombrarían a nuevos jueces que se encargarían de juzgar a otros funcionarios en aras de evitar que la corrupción siga avanzando, estos nuevos servidores públicos se erigirían en una especie de súper auditores, sin posibilidad de que ellos sean indagados, en pocas palabras, se trataría de un santo tribunal inatacable.

Y en algunos de los escalones encontraríamos la urgencia de dictar órdenes de cateo en menos de seis horas, ampliación del arraigo para las investigaciones a cargo de los ministerios públicos y una serie de ajustes que han sido calificados por algunos expertos como un preocupante retroceso en materia de procuración de justicia y una acción de colocar la bota en el cuello sobre el consejo de la judicatura.

Pero por las razones que sean, este tema trae consigo el que personajes como Ricardo Monreal, mandamás del Senado salga a matizar el bateo de la propuesta en un muy recurrido «no lo sé, pero tampoco lo descarto»… y más allá de todas las oleadas de reacción y de la acostumbrada dosis de opinocratas, he de mencionar que no veo a Julio Scherer ni a Gertz Manero lanzando ocurrencias sobre un tema que reclama la más pronta respuesta y que tiene que ver con el surrealista paisaje de la procuración de justicia, su paquidermismo y mortal corrupción.

Debemos concentrarnos en lo urgente, a los mexicanos nos urge un sistema en donde las reglas para la impartición de justicia vayan siendo depuradas, que se coloquen nuevos pilares y que los rostros de los jugadores sean sinónimo de confianza, tenemos frente a nosotros un campo real, innegable y que tiene que ver con lo podrido de una capa de jueces y ministerios públicos, por no mencionar a los cuerpos policiacos que conforman una montaña rusa sin protección, que se ha alimentado de alianzas con delincuentes de todo tipo, que este discurso del » llegaremos hasta el fondo» y «caiga quien caiga» es la vacilada más insultante a la cual los mexicanos nos acostumbraron a escuchar, una añeja promesa que no llega debido a que precisamente en engranaje que debería existir para mover esa maquinaria está repleta de composta.

No aplaudo a la 4T, soy un consuetudinario crítico, pero este primer boceto de iniciativa trae el paso de una urgente discusión y que esta se dirija hacia una autentica reingeniería de los dantescos pasillos de jueces y ministerios públicos y sus resultados.

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