En octubre de 2017 la Policía Federal detuvo a cuatro hombres en la carretera Morelia-Salamanca a bordo de un vehículo robado. Además de un “cuerno de chivo”, los detenidos llevaban un dron cargado con explosivos. De acuerdo con el fiscal de Guanajuato, Carlos Zamarripa, era la primera vez que las autoridades mexicanas incautaban un artefacto de este tipo adaptado para ser utilizado como arma. Según se ha dado a conocer, en el 2020 el Cártel de Santa Rosa de Lima (CSRL) tenía planeado atacar la Fiscalía de Guanajuato con drones equipados con explosivo plástico C-4. Áreas de inteligencia federal iniciaron una investigación que les permitió identificar a un grupo de, por lo menos, siete personas que presuntamente se dedicaban a equipar drones con bombas para venderlos al CSRL y al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). 

El 16 de abril de 2021 dos de estos individuos fueron detenidos por el ejército como resultado de un cateo que la Fiscalía General de la República (FGR) había llevado a cabo un año antes, el 25 de abril de 2020 en Cholula, Puebla donde se aseguraron 11 evidencias (entre ellas tres drones y explosivos): Rogelio, de 26 años, con estudios de siete semestres en Ingeniería Civil y Diego, de 27 años, que estudió hasta el séptimo semestre de Ingeniería Mecánica. Sin embargo, la semana pasada se informó que una jueza federal anuló las 11 pruebas porque consideró que la FGR había violado el derecho humano a la inviolabilidad del domicilio sin una orden judicial cuando las obtuvo.  

Esta historia retrata tres de los grandes problemas que sufre nuestro país y que, como las Moiras —las tres hilanderas encargadas de tejer el destino de los hombres—, están estrechamente vinculados entre sí: la violencia, la impunidad y, quizás el origen de todo, la falta de oportunidades. Impunidad porque, más allá de que la Fiscalía ya haya apelado la decisión de la jueza y el proceso judicial esté en curso, está claro que los dos veinteañeros no son las únicas personas que arman drones con explosivos para el crimen organizado y delito que no se persigue ni se castiga, se repite. Bob Dylan le pregunta a los “maestros de la guerra”: ¿creen que su dinero les comprará el perdón? En México seguro le responderían que sí. 

Por otro lado, hay algo trágico en ver que dos jóvenes con carreras truncas en ingeniería no hayan encontrado otra industria en la cual innovar que la de la violencia: construir para destruir. Bill Gates, Elon Musk, Steve Jobs, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg son ejemplos de personas que abandonaron sus estudios, pero no terminaron trabajando para el narcotráfico. En una sociedad con oportunidades la creatividad y el talento encuentran otras formas de expresarse.