Miguel Ángel López Farías

Los sociólogos tienen sin duda una mejor explicación, sin duda las miradas de muchos se concentran en lo cotidiano, en lo que angustia del día a día… la psicología moderna hablaría de evadirnos de la realidad, la fuga hacia donde las cosas no duelan… es el impersonal modo de ver esta película que insiste en afianzarse como de terror.

En menos de 24 horas dos niños mueren bajo la marquesina de las noticias trágicas, Valeria, ni siquiera llegaba a los dos años de edad, el rio bravo le lleno de agua los pulmones, quien junto con su padre tuvieron que pagar la cuota que un mundo salvaje, conducido manos brutales exige.

Dudo que Trump le haya dedicado algunas oraciones antes de dormir, no veo a el presidente de la Casa Blanca preguntando el como auxiliar a la familia de estos salvadoreños para intentar limpiar un poco la conciencia que sus actos cometen.

El cuerpo de Valeria no despertará, y el cristalazo en la memoria inmediata nos recuerda a la del niño sirio que murió ahogado en las playas de Turquía, Aylan Kurdi, de tres años, y que moviera a la opinión pública en Europa para mitigar la fiereza de las leyes antimigratorias.

Allá si, en Europa, el desfile de líderes se vio forzado a cambiar algunas cosas, la conciencia en el viejo continente es un bien patrimonial de la humanidad que debemos cuidar. Aquí, en México, en Reynosa Tamaulipas, solo se supo que la pequeña Valeria era cargada por su padre, que moriría ahogada, que la conmoción solo se vio acentuada en el costumbrista desfile de redes sociales y sus caritas con lagrimas, emogics que sustituyen los más urgentes debates.

Y la mañanera sirvió como fugaz esquela de un pésame, un abrazo rápido y un «lo sentimos». En la 4T no hay espacio para sentarse a contemplar los resultados de sus acciones, todo son «machetazos», ocurrencias que pueden o no dejar sin vida a alguien o sin trabajo o sin futuro.

Somos  los  cadeneros del continente y  evitamos que los indocumentados entren a la sala vip del tío Sam…y otra de un niño, aquí, en la zona metropolitana , en Netzahualcóyotl, un pequeño de ocho años, tuvo la desgracia de vivir en un territorio en donde las balas, los sicarios, conviven como moscas en taquería sin que la fuerza del estado se vea reflejada en acciones que vayan mas allá de lacrimosos discursos oficiales.

Al estudiante le dieron dos tiros, balas perdidas, dijeron…el cuadro es del de siempre, dos sujetos que llegan , discuten, amenazan a otro y lo matan, solo que ahora tenemos el daño colateral, el infortunio de que los involucrados asesinaron  a un inocente. Los niños mueren, lo han hecho desde siempre, pero ahora tenemos un coctel de fenómenos en donde los adultos, sean de gobierno o ciudadanos simples, vayamos abandonando la principal tarea que la humanidad tiene, cuidar, proteger, impulsar a los más pequeños.

Pero en México se reparan aires de una mayor virulencia, ocupar el primer lugar en pornografía infantil, ser uno de los mayores sitios de turismo sexual infantil, ver el abuso sexual como parte de algo normal y pretender creer que el silencio y el tiempo harán que todo se olvide, es irle pudriendo la vida al activo más importante que cualquier posee…con nuestros niños no, ellos no… Sean salvadoreños, sean guatemaltecos, sean de Neza, sean de Hermosillo… sean de Coyoacán… ellos no.

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