Miguel Ángel López Farías

¿Cómo se dice? ¿Candil de la calle, oscuridad de tu casa? Como guante para aquellas buenas conciencias políticas y sociales lo que debería ser una de las banderas de aquellos que se dicen protectores de la vida silvestre y del medio ambiente, las campañas en redes sociales y en medios de comunicación formales se acocaron a las tragedias del Amazonas y de Australia, cuando el infierno se hizo del pastizal y de la selva y consumió árboles y especies como si de una mega ofrenda al infierno se tratara.

Pues eso que nos horrorizó en gran escala nos debería preocupar en ese otro escenario, en el olvidado sureste mexicano en donde año tras año los incendios devoran miles de hectáreas, Chiapas como entrada del horno que se inicia con el incendio acostumbrado para la siembra y que por descuido de las autoridades se convierte en la muerte para miles de animales silvestres y de corral así es, en el Chiapas que tan dejado a la mano de uno de los peores gobiernos de la historia, y vaya que en ese estado han dominado un puñado de caciques llevando a la entidad a uno de los últimos escalones de pobreza y analfabetismo, pues allá, lo primitivo de sus autoridades ha convertido la política de respuesta en una de las áreas más vergonzosas que se tenga memoria.

Vayamos a la costa chiapaneca, en municipios como el de Arriaga, colindante con Oaxaca, región que se caracteriza por su alto nivel ganadero y de cosechas, plagado de familias históricas que han vivido de esta actividad por años, pero ahí le va, esta zona del istmo padece varios fenómenos, el primero y que se sale de control son las fuertes rachas de viento, «el norte» como se le conoce, entonces cuando la lumbre pega el viento hace su parte y arrasa con todo.

No es ficción, miles de seres humanos dependen de que el viento pare para que no terminen calcinados, otro de los fenómenos es que llevan décadas rogando a las autoridades estatales que se les apoye con mejores herramientas de protección civil, mínimo un cuerpo de bomberos que sepa de apagar incendios forestales, pues no los hay.

Quien pierde todo en un incendio pues lo pierde y a volver a empezar desde cero, no es exagerado pero la diosa fortuna es la que ha evitado que se den cuentas de otras tragedias, pero en Arriaga es normal hablar de cuerpos de animales silvestres y ganado calcinados por miles. ¿No acaso se debería generar uno de los movimientos sociales más potentes en el país?  Un incendio de esa magnitud, año tras año, significa estar acariciando a la muerte y a un constante retraso económico de la región y que pinta de cuerpo entero a todas esas autoridades que les importa un pepino lo que a esas familias les suceda.

Pocas voces denuncian esto, pero cuando se tiene una visión mucho muy cercana de lo que allá sucede no queda más que solidarizarse con esos animalitos de la costa, muchos en peligro de extinción y por supuesto de esos campesinos que ya no quieren quedarse callados frente a la indolencia del gobernador y toda una pléyade de autoridades municipales.

Que bien se ven los defensores de la madre naturaleza, con ojos lacrimosos, observando la televisión e histerizandose por lo de la Amazonia o Australia, ojalá se den tiempo de mirar a este estado, Chiapas, su región costera, a Arriaga y su lastimoso abandono, créanlo influencers, créanlo defensores de la naturaleza, asomarse los va a horrorizar.

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