Miguel Ángel López Farías

El lunes pasado mencionábamos el terror vivido en Córdoba, Veracruz, una entidad sometida, dicen fuentes de inteligencia, por el CJNG, Veracruz se ha ido pudriendo desde la época de Fidel Herrera, pasando por el hampón de Javier Duarte y culminando con el peor gobernador de la historia de ese estado, Cuitláhuac García, pero la franja de putrefacción atraviesa Puebla, multimencionado estado que lleva un buen rato hundido en la miseria política y que arroja resultados terribles en seguridad.

En Puebla, no basto con que se le cruzará la letra escarlata y colocarla como paraíso de huachicoleros, sino como presa de interés políticos, capricho de los Moreno Valle y obsesión de Miguel Barbosa y de la franja morenista, ahora Puebla paga con asesinatos la llegada de un personaje incapaz de levantar un muro mínimo de seguridad hacia sus habitantes.

Allá, a las mujeres se les mata con total normalidad, engarzando los hilos de un sistema de justicia corrupto, indolente, con cuerpos policiacos famélicos y en desventaja frente a la capacidad de fuego de los criminales, sino es que, entregados a las nóminas del narco, Puebla hoy vuelve a ser noticia, y no por sus aspiraciones cosmopolitas sino porque a varios alumnos de medicina los llenaron de balas.

Dos universitarios de Colombia, uno de Veracruz y un chofer de Uber muertos en un presunto robo de auto ¿Qué tiene Puebla? ¿Castigo divino? No, no es como lo menciono Barbosa cuando torpemente dijo  que la caída del helicóptero de los Moreno Valle se había venido abajo, más bien, la sociedad poblana está recibiendo un baño de realidad innecesario por  haber dejado que por la puerta entrará alguien que no posee el conocimiento ni el talento para hacer gobierno.

Hay muertes que duelen más que otras y que tienen un impacto mayor, eso es cierto, por ello, el que miles de estudiantes de medicina salgan a las calles hace referencia el nivel de hastió por parte de los que sí pueden generar algún tipo de cambio, los estudiantes, esos que ven con horror como su entorno se va enturbiando.

La suma de ejecutados sigue y  seguirá, Barbosa sabe que tiene el apoyo de Palacio Nacional, sabe que mientras dure el  sexenio el podrá salir a cantar victorias inexistentes o dedicarse a mirar hacia  otro lado, pero se vale recordar aquello que en este espacio dijimos cuando se   supo  que le habían validado la gubernatura a alguien como él: que la época de  terror para Puebla daba inicio, pues alguien con esos niveles patológicos por el poder  no podría acarrear algo nuevo.

Y ojo, no se trata de fustigar a un partido político como Morena, Barbosa no nació con ese partido, él se trepo a la cresta de la ola cuando el PRD lo pesaba en su justa dimensión. Barbosa no ayuda al presidente, de eso ya tomaron nota en Palacio, solo que ¿hasta cuándo?