Miguel Ángel López Farías 

El tema merece brevedad y contundencia y aplica el dicho: “después de ahogado el niño” usted ya sabe cómo se completa, el presidente da un paso hacia la muestra de condolencias por la tragedia de los casi cien mil muertos por el COVID, llama al luto nacional y muestra su pesar, francamente no sé si salga de su pecho el duelo, uno supondría que es legítimo, pero la hemeroteca nos golpea con otra cosa, todos los sabemos, en las horas tempranas de la pandemia fue el propio mandatario quien se trepó en la banalidad de ningunear el peligro del virus asiático, emulando a ese otro personaje Donald Trump, quien por su soberano capricho mando al diablo al virus y escondió el cubrebocas, situación que aquí se replicó con estampitas y llamados a vivir la vida loca en las calles.  

Cien mil muertos no es un chiste y al buscar las causas nos enfrentamos al desastre de una estrategia que fue pintada de ocurrencias y de un rosario de justificaciones, malabarismo en las mañaneras y de la inauguración de un Sancho Panza que en su versión de Gatell se dedicaron a especular con las gráficas, matizar los contagios, descalificar a los otros expertos, así como el caso del difunto Premio Nobel Mario Molina advertían que se debía ocupar si o si el cubrebocas.  

¿Por qué a estas alturas de la desgracia aparece la intentona de llevar a la bandera a media asta? ¿Estamos viendo realmente un arranque de conciencia presidencial? O volvemos al cálculo político de un personaje sumamente astuto y a quien “debe estarle cayendo el veinte” de lo que es un hecho, que su proyecto se ha ido al abismo y que los primeros efectos de esto son los descalabros en Coahuila e Hidalgo. 

La posibilidad real de que el próximo año pierda el control del Congreso y se confirme lo que tanto he repetido, que este sexenio se acabó muy pronto. Cien mil muertos son el Guernica mexicano, pero falta aún el luto por los niños con Cáncer, el luto por las víctimas del crimen organizado, el luto por las mujeres asesinadas. 

De seguir así, deberemos instituir el Día de muertos los 365 días próximos o de plano, ya no mover la bandera de su media posición para recordarnos que vivimos una pesadilla con color de Morena. 

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