Miguel Ángel López Farías
A ver, rectoría de la UNAM no es el equipo de fútbol de los pumas, a los cuales se les puede gritar que metan gol con los primeros toques de balón. Queda claro que el doctor Enrique Graue, cabeza de la máxima casa de estudios ha sido objeto de una brutal presión del hombre más poderoso y siniestro del país, el presidente de México, mismo que se sentiría complacido con una universidad nacional en fase de cuadriplejia, lista para ser transformada en sucursal de la » Benito Juárez».
Veamos, la » ministra» Yasmín Esquivel vive sus últimas horas con el cuadro colgado en su oficina de su título universitario, el máximo órgano sancionador de la UNAM está definiendo (por lo que se interpreta del rector) «aplanando» los detalles de algo inevitable, el justo retiro del título académico a Esquivel Mossa, misma que debe contar ya con un equipo de abogados listos para invadir los tribunales.
Pero, ¿Por se da la impresión de que están haciendo tiempo en la UNAM? Por qué, inevitablemente, todo esto transita por el páramo de la política, mismos que exige cálculos… un ejemplo , al ser despojada Esquivel del título, toda su historia como abogada ,jueza o ministra (todo lo que haya firmado) será objeto de un tsunami de demandas, amparos y diríamos que eso no importa… pero al ser elemento de la SCJN la cosa cambia, pues todas sus acciones serían echadas abajo, el efecto dominó sería de proporciones bíblicas… ya se imaginará usted la nube negra que se ha posado sobre el viejo edificio de la corte, la pesadilla de un mundo de ilegalidades caería cómo meteoro.
Ahora bien, regresemos a la UNAM y el punto en dónde el rector da la cara asegurando que no es timorato ni está «escurriendo el bulto» (ese es mi comentario), en un revés a el amo de palacio, quien fiel a su olfato sabe que al debilitar a rectoría podría iniciar una etapa de colonización hasta apoderarse de ese territorio azul y oro.
No hace mucho, un grueso de la sociedad salió a las calles para defender al INE, la marcha, de cientos de miles molesto mucho al tabasqueño, » EL INE NO SE TOCA», y vino consigo una marea social que culminó en lo legislativo, el mandatario no sé salió con la suya en totalidad, recibió una bofetada y arrojó un Frankenstein electoral.
Es tiempo de colocar los huevos en la misma canasta, » LA UNAM NO SE TOCA», (tomen nota estudiantes, maestras, maestros, comunidad puma) y aunque, ciertamente el compás de espera optado por rectoría le ha merecido una serie de críticas y presiones de muchos y muchas que (naturalmente) quisieran que el rector pusiera en su lugar al presidente y a la todavía ministra , y digo que es natural que se aguarde una respuesta así, por qué son demasiados los agravios cometidos por el don de palacio nacional…
Pero la UNAM no se está jugando la final contra los CHOCOS DE TABASCO, este es el preámbulo de una batalla a muerte y sangre entre el presidente y el rector, entre el inexplicable odio que Andrés Manuel le tiene a la UNAM y el futuro de una universidad que durante sus 200 años ha resistido de todo y a todo tipo de iluminados.
La autonomía de la UNAM es hoy por hoy, el acta de honor e integridad más luminosa que se posea.
Repetiré lo siguiente: estamos tan habituados a las torceduras humanas y políticas, que, en estos momentos, hacer lo correcto llega a ser señalado como delito o peor, como acción de cobardes.
No es así, pues en la UNAM… en la UNAM se la saben, tanto, que, de los dos personajes, Andrés Manuel y Enrique Graue, uno pasará al basurero de la historia y el otro al pabellón de los que supieron defender a la máxima casa de estudios.













