Miguel Ángel López Farías

Miguel Gregoriano Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla  Gallaga Mandarte y Villaseñor, ¿Le suena? Se le conoce como el padre de la patria, así es, se trata de don Miguel Hidalgo y Costilla, nació en la hacienda de Corralejo, en Pénjamo, Guanajuato y es fusilado en un día como hoy, 30 de julio de 1811 en Chihuahua, Chihuahua, su cabeza fue exhibida en la alhóndiga de granaditas, junto con la de allende, con quien ya no la llevaba bien.

Bueno para el sarao, tomar chocolate, la fiesta de los toros y algunos dicen, efectivo para olvidarse de los hábitos y entregarse a los placeres de la carne, y si, el primer insurgente, el del grito de Dolores, fiel a Fernando Séptimo y enemigo declarado de Napoleón Bonaparte.

El oficialismo se dedicó a pintarlo como el prohombre, y mucho de valiente tenia, pero le faltaron algunas estrategias, como aquella de capitular la lucha en monte de las cruces, allá por la Marquesa, teniendo de rodillas al virrey Francisco Xavier Venegas, los insurgentes eran como 80 mil efectivos, el ejército realista estaba minado, Hidalgo pudo entrar a la capital de la nueva España, la presión de Allende era que de una vez por todas acabara con ellos, pero Hidalgo dudo y se retiró, solo para sufrir derrota tras derrota de su principal enemigo, el brigadier y capitán principal, Félix María Calleja.

Por cierto, en esas tropas ya se distinguía por su sed de sangre el joven militar Agustín de Iturbide, quien sería después el primer emperador del México independiente y aquí nos detenemos. La independencia de México y la búsqueda de una idea romántica de autodeterminación, de orgullo y de un nuevo ser nacional tuvo sus efectos solo en los primeros años, pues la naciente mexicanidad no fue posible debido a las luchas intestinas que en este suelo se daban todos los días.

México, desde entonces ha tenido pocos episodios de paz, de verdadera armonía, el concepto de soberanía es solo una rancia figura de discursos, no hay un solo trazo del sueño de Allende, de Hidalgo, de Morelos y aunque se tenga bandera y símbolos, los cierto es que en el país se han dado a la tarea de fragmentar ese concepto.

Hidalgo es fusilado, en medio de terribles dudas sobre su actuar, arrepentido de la masacre cometida por sus seguidores en la alhóndiga dudo, y la degradación a su investidura sacerdotal lo sumió en una noche muy larga de terror y de sufrimiento y citare el clásico, “si Hidalgo viviera” seguro estoy que se volvería a levantar en armas, con más energía y ahora sí, sin dudar sobre quienes deberían estar en el paredón, pues México, lleva décadas en una vergonzosa entrega ya no a la corona española, sino a los vecinos del norte.

Nuestra dependencia solo paso de castilla a Washington, y seguimos montados en un guion de una autodeterminación, cierto, con reglas democráticas que nos permiten decidir sobre los hombres y mujeres que llegaran al gobierno, pero estos gobiernos no se desprenden de la necesidad de mantener el cordón con los Estados Unidos, y ojo esto no es culpa de “un gobierno”, no de manera exclusiva, pues frente al poder real de la Casa Blanca y todos sus mecanismos económicos, industriales, militares y el largo etcétera resulta muy complejo tratar de separarse del norte.

Pero esta configuración mental paso de ser un tema solo vecindad a el de una verdadera invasión cultural, en donde adoptamos el papel de pequeños vecinos, de los que sobreviven en la memoria de que alguna vez Pancho Villa invadió Columbus, pero que nos resulta amnésico reflexionar que los Estados Unidos nos arrebató más de la mitad de nuestro territorio, suena duro, pero la dependencia es casi genética , la hemos transmitido de padres a hijos, y en caso de los migrantes se refleja con mayor crudeza, pues hay familias que llevan décadas cumpliendo con ese ritual de cruzar el río Bravo. 

Necesitamos reaprender lo que como mexicanos necesitamos, la fallida independencia de Hidalgo se estrella con el muro de Trump y sus imposiciones, y ni esta administración, la nuestra, ni las que vengan, podrán medianamente alcanzar distancia, la sana distancia de las imposiciones de la Casa Blanca, está por sencilla lección histórica requiere de una nación con mayor niveles de conciencia, resuelta a saber de su historia, un país sin fragmentaciones ni rencor.

Pero como así vivimos será complicado entender que si bien hablamos español y nos llamamos mexicanos, no somos más que piezas de un engranaje de los Estados Unidos, y eso la verdad duele. –

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