Miguel Ángel López Farías

Esta discusión no es nueva, ni tampoco exclusiva de este gobierno, a los periodistas no nos ha ido bien, lo más grave son los miles de asesinatos cometidos en contra de muchos comunicadores, unos más conocidos que otros, pero muertos al fin.

En el sexenio de Felipe Calderón asesinaron a 48 comunicadores, en el de Enrique Peña Nieto 47, según datos del colega Rogelio Hernández, y agárrese, en lo que va de este sexenio llevamos más de 20.

Ahora vayamos a las cifras de la CNDH, en México suman 153 los comunicadores ejecutados en 19 años y desaparecidos otros 21, y según derechos humanos ha sido en el gobierno de Peña Nieto en donde más muertitos sumamos, 59 comunicadores.

La variación de cifras es notoria, cada asociación va llenando esa desagradable numeralia, pero recordemos los que en este sexenio llevamos: Alejandro Márquez, de Orión informa, del estado de Nayarit.

Diego García Corona del semanario Morelos, Rafael Murua de radio Kashana de Baja California. Samir Flores de radio Amilzinko, de Morelos, Santiago Barroso de Rio Digital de Sonora. Telesforo Santiago Enríquez de estéreo cafetal de Oaxaca.

Francisco Romero que ocurrió en la CDMX, de Quintana Roo Norma Sarabia de semanario Chontalapa, Tabasco. Rogelio Barragán de Guerrero al instante de Morelos. Edgar Alberto Nava López de la verdad de Zihuatanejo, Guerrero. Jorge Celestino Ruiz, del gráfico de Xalapa, Veracruz. Nevith Condes Jaramillo del observatorio del sur. Erick Castillo Sánchez de Discovery latinoamericana, de Guerrero. María Elena Ferral Martínez de Veracruz.  Victor Fernández Álvarez Chávez de Guerrero. Pablo Murragares de pm noticias, Guerrero.  Julio Valdivia del diario el mundo, Veracruz.

Este último es del 9 de septiembre y faltan algunos otros que dobleteaban trabajo, como profesores y comunicadores, tal es el caso de Luis Eduardo Ochoa de Michoacán, un balazo en la cabeza y fin de la voz.

Por si había alguna duda, este país es mucho más peligroso que Afganistán y en sus raseros muestra una línea oficial cada vez más abierta para comportarse como Corea del Norte. 

Muertos o silenciados, ejecutados o despedidos, así ha sido la constante. No recurriré a frases desgastadas sobre lo que debería ser el respeto a la libertad de expresión, lo sabemos, las libertades son buenas hasta que lastiman al poderoso, de ahí solo vemos el abismo.

Pero bajemos la mirada un poco, para que el gran público sepa que la comunidad periodística no sufre por igual, me explico: en el universo de la comunicación existe un sector que se muestra en la mayor de las indefensiones, la llamada tropa, reporteros, comunicadores, hasta conductores que dependen de que a su empresa no le corten el suministro financiero, que hacienda no los ahorque, que la publicidad no sea castigada, y no me refiero a la propaganda del estado, que ya sabemos, según sea el sexenio, este favorecerá a sus cuates o incondicionales.

Así ha sido y continuara siendo, la tropa son periodistas que en su gran mayoría ganan lo suficiente para sacar adelante a su familia y que hoy, al irse cerrando sus fuentes de ingresos han tenido que recurrir a empleos como chofer de Uber, vendedores de lo que sea, taxistas, malbaratando años de experiencia en asesorías mal pagadas o de plano, tratando de reinventarse en el resbaloso piso de las redes sociales.

Los ataques a la libertad de expresión van más allá de lo que se ha dicho, pues estamos ante una operación de ingeniería política y financiera para dejar noqueado a los profesionales de los medios e insisto, el machetazo no toca por igual, eso lo sabemos los que estamos en los medios. 

Pocos se asoman a la tropa, a ese ejército de reporteros sufrientes angustiados porque su portal electrónico, su gaceta, los espacios en donde trabajan se han ido extinguiendo, como página de la Alemania nazi, cuando los judíos debían ser exterminados, así hoy.

Aquí se eleva el pundonor y coraje mostrado por muchos dueños de los medios que con cuchillo entre los dientes defienden sus galeones, en contra de los barba negra, merece todo nuestro respeto quien enfrenta el rostro de la censura y del odio.

Tomo la rúbrica de la ANPERT “es tiempo de mostrar integridad, fuerza, congruencia y libertad. Y ello es cierto, la difamación es papel común y corriente en todo el torrente sanguíneo de este gobierno, México se debilita con cada ataque a los periodistas, callar a un reportero no solo es un acto ruin, sino que la acabada ingeniería de asfixia ha ido mas allá, colocando a los comunicadores en la antesala de la inanición”.

La Academia Nacional de Periodistas De Radio y Televisión colocan un dardo certero en lo que debería ser un llamado serio para todos: cerrar los ductos que transportan en oxigeno de la información y de la opinión es condenarse a niveles de oscurantismo.

México necesita periodistas enteros, honestos, nunca de doble moral, nunca en el columpio en donde quien te impulse sean las manos del poder, México necesita de sus comunicadores para que esta nación pueda dar ese paso a un concierto de naciones maduras, en donde no sea tan fácil tomarles el pelo.

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